
PP y PSOE llevan dos décadas sin resolver el cierre norte mientras los vecinos seguimos pagando las consecuencias
Hay debates políticos que vuelven periódicamente como si acabaran de descubrirse. El cierre norte de la M-50 es uno de ellos.
Ahora vuelve a escucharse con fuerza al alcalde de Colmenar Viejo, Carlos Blázquez, reclamar al Gobierno de España que impulse una infraestructura que, según él mismo reconoce, requiere una tramitación «súper larga». En junio de 2026 llegó a advertir que, si no se empieza a reivindicar ahora, no estará hecha «dentro de ocho años».
Ocho años.
Para quienes llevamos muchos años reclamando una solución a la incomunicación viaria del norte de Madrid, escuchar ahora ese plazo obliga a mirar hacia atrás.
Porque el problema no nació ayer. Tampoco con Pedro Sánchez. Y mucho menos con Carlos Blázquez.
Personalmente, llevo reclamando el cierre de la M-50 desde 2007, cuando participé activamente en la política municipal de Colmenar Viejo. Después he continuado haciéndolo públicamente y desde distintos ámbitos. En 2019, por ejemplo, escribía que Colmenar carecía de comunicación adecuada con el resto de municipios madrileños «por falta del cierre de la M-50», y reclamaba expresamente que se solicitara constantemente su cierre entre la A-1 y la A-6.
Por eso creo que ha llegado el momento de contar la historia completa.
No la historia del PP.
No la historia del PSOE.
La historia de lo que han soportado los ciudadanos.
2004: el Estado ya estudiaba el cierre
La historia moderna del proyecto comienza antes incluso.
En febrero de 2004, todavía durante el Gobierno de José María Aznar, la Dirección General de Carreteras había autorizado la redacción de un estudio informativo del cierre de la M-50.
Tras la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, aquel planteamiento estatal no continuó en los términos inicialmente previstos.
Y comenzó entonces uno de los episodios más significativos de esta historia.
Esperanza Aguirre intenta hacer lo que el Estado no hacía
La Comunidad de Madrid, gobernada por Esperanza Aguirre y el Partido Popular, decidió impulsar directamente el cierre norte.
En noviembre de 2005 sacó a concurso los trabajos correspondientes al cierre norte de la M-50 entre la A-6 y la M-607, además de la denominada nueva R-1 y la continuación del cierre desde la M-607 hacia la A-1.
En febrero de 2006 se adjudicaron los contratos.
Esto no es una interpretación política. Está recogido en las resoluciones que posteriormente examinó el Tribunal Constitucional.
Por tanto, debe reconocerse un hecho: la Comunidad de Madrid gobernada por el PP intentó impulsar el cierre de la M-50.
Pero entonces intervino el Gobierno de España.
2006: Zapatero lleva a Madrid ante el Constitucional
El Gobierno socialista entendió que la Comunidad de Madrid estaba invadiendo una competencia del Estado y planteó ante el Tribunal Constitucional sendos conflictos positivos de competencia.
Conviene utilizar las palabras correctas: no fue una denuncia penal. Fue un conflicto constitucional entre administraciones.
El Estado consiguió además la suspensión de las actuaciones madrileñas.
Durante años quedó pendiente una pregunta esencial:
¿Quién tenía competencia para hacer el cierre norte de la M-50?
Madrid decía que podía actuar.
El Gobierno central decía que no.
Y tuvieron que pasar seis años hasta que el Tribunal Constitucional resolviera definitivamente el conflicto.
2012: el Constitucional da la razón al Estado
En mayo y junio de 2012 llegan las respuestas.
Primero, la STC 112/2012, de 24 de mayo.
Después, la STC 124/2012, de 5 de junio, que he analizado para este artículo.
El fallo no deja demasiado margen interpretativo:
«Declarar que corresponde al Estado la competencia controvertida».
Y declara nulas las resoluciones madrileñas de febrero de 2006 mediante las que se habían adjudicado los trabajos del cierre norte.
El Gobierno de Zapatero había tenido razón en una cuestión jurídica: Madrid carecía de competencia para ejecutar por su cuenta aquellas actuaciones sobre una carretera integrada en la red estatal.
Pero ganar una discusión jurídica sobre quién tiene la competencia no construye una carretera.
Y los vecinos continuábamos exactamente con el mismo problema.
Y entonces aparece una contradicción que hoy no debería olvidarse
Cuando el Tribunal Constitucional dictó esas sentencias, José Luis Rodríguez Zapatero ya no era presidente.
Desde diciembre de 2011 gobernaba España Mariano Rajoy, del Partido Popular.
Esto cambia sustancialmente el relato que algunos pretenden construir hoy.
Porque desde junio de 2012 ya no existía aquella discusión competencial.
El Tribunal Constitucional había dicho quién debía actuar:
el Estado.
¿Y quién gobernaba el Estado?
El Partido Popular.
Mariano Rajoy permaneció en La Moncloa hasta junio de 2018.
Fueron aproximadamente seis años con la competencia constitucional despejada y un Gobierno del PP en España, mientras la Comunidad de Madrid también continuaba gobernada por el PP.
Y el cierre norte de la M-50 tampoco se hizo.
Ese periodo no puede desaparecer de la historia.
De hecho, años después los municipios del norte seguían reclamando soluciones. Y en enero de 2018, todavía con Rajoy en La Moncloa, representantes municipales reclamaban al Ministerio de Fomento actuaciones para resolver los graves problemas de movilidad del norte madrileño.
No era Pedro Sánchez quien gobernaba.
Era Mariano Rajoy.
La contradicción ha llegado a ser señalada incluso en debates municipales de otros municipios afectados: en Las Rozas se ha recordado públicamente que durante los años de Gobierno estatal del PP tampoco se inició el cierre.
Y Carlos Blázquez tampoco acaba de llegar a la política de Colmenar
Este dato también debe incorporarse al debate actual.
Carlos Blázquez no es un alcalde recién llegado que se haya encontrado de repente con un problema heredado que desconocía.
Durante parte de aquellos años ocupaba responsabilidades dentro del Gobierno municipal del PP de Colmenar Viejo. En 2018, por ejemplo, aparece documentalmente como concejal de Parques y Jardines; otras fuentes de aquella etapa lo sitúan posteriormente como primer teniente de alcalde y concejal de Desarrollo Urbano.
Por tanto, cuando hoy reclama al Gobierno central que actúe, es legítimo recordar que el problema de la M-50 atravesó también años en los que coincidían gobiernos del PP en Colmenar Viejo, en la Comunidad de Madrid y en España.
Y el cierre tampoco avanzó hasta convertirse en una realidad.
Después llegó Pedro Sánchez. Y tampoco hay M-50
Pero contar únicamente lo anterior sería igualmente partidista.
Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en junio de 2018.
Han transcurrido desde entonces más de ocho años.
Y el cierre norte tampoco se ha ejecutado.
Por tanto, el PSOE tampoco puede refugiarse eternamente en lo que hizo o dejó de hacer Mariano Rajoy.
La competencia es estatal desde que el Constitucional resolvió definitivamente el conflicto y los sucesivos gobiernos tienen que explicar qué solución ofrecen.
La necesidad continúa ahí.
En 2023, por ejemplo, los alcaldes de Colmenar Viejo y Tres Cantos volvían a reclamar el cierre y describían la M-607 como una «ratonera». Se planteaba particularmente la conexión M-607-A-1, reconociendo la mayor dificultad ambiental del tramo hacia la A-6 por El Pardo.
En 2026 las plataformas vecinales continúan reclamándolo porque, legislatura tras legislatura, el proyecto sigue sin materializarse.
Es decir: mientras PP y PSOE se intercambian responsabilidades, los ciudadanos seguimos esperando.
¿Por qué precisamente ahora?
Esta es la pregunta política que considero legítimo plantear.
Carlos Blázquez vuelve a intensificar su reivindicación y afirma en junio de 2026 que hay que empezar ahora porque, de lo contrario, la infraestructura no estará disponible «dentro de ocho años».
Precisamente por eso resulta inevitable mirar el calendario político y, sobre todo, mirar hacia atrás.
Las próximas elecciones municipales y autonómicas ordinarias corresponden a 2027.
Mi valoración es que resulta difícil separar esta intensificación de la reivindicación del contexto preelectoral. Pero esa es una valoración política; los hechos sobre los que la fundamento son comprobables.
Y mi pregunta al alcalde sería muy sencilla:
¿Dónde estuvo esta misma urgencia cuando su partido gobernaba simultáneamente Colmenar Viejo, la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España?
Porque entre 2012 y 2018 ya existía una sentencia del Tribunal Constitucional que decía inequívocamente que la competencia correspondía al Estado.
Durante aproximadamente seis años gobernó ese Estado Mariano Rajoy.
El PP gobernaba Madrid.
El PP gobernaba Colmenar Viejo.
Y Carlos Blázquez ya formaba parte de la política municipal.
Sin embargo, la M-50 siguió sin cerrarse.
Ahora nos dicen que hay que empezar inmediatamente porque pueden hacer falta ocho años.
Precisamente.
Si hacen falta ocho años, ¿cuántos años hemos perdido?
El verdadero fracaso no tiene unas únicas siglas
Aquí es donde creo que hay que apartarse de la propaganda de unos y otros.
El PSOE de Zapatero debe explicar por qué durante sus gobiernos no se materializó el cierre y por qué, después de impedir jurídicamente que Madrid desarrollara su proyecto por falta de competencia, el Estado no proporcionó una solución equivalente al problema.
El PP debe explicar por qué, después de que el Constitucional dejara definitivamente la competencia en manos estatales en 2012, los seis años siguientes de Gobierno de Rajoy tampoco sirvieron para ejecutar el cierre.
Y el PSOE de Pedro Sánchez debe explicar por qué, después de más de ocho años de Gobierno, seguimos hablando prácticamente del mismo problema.
Ésa es la cronología.
Y en medio estamos nosotros.
Los ciudadanos.
Veinte años de política significan veinte años de vida para los vecinos
A veces hablamos de 2006, 2012, 2018 o 2026 como simples fechas.
Para quien vive en Colmenar Viejo, Tres Cantos y otros municipios del norte, no son fechas.
Son años de nuestra vida.
Son miles de mañanas entrando en una M-607 congestionada.
Miles de tardes regresando a casa.
Accidentes que bloquean prácticamente la única salida directa.
Tiempo perdido.
Combustible.
Contaminación.
Horas que no pasamos con nuestras familias.
Y oportunidades de conexión con el resto de la Comunidad de Madrid que otros municipios tienen y nosotros seguimos sin tener.
El problema es además creciente. Colmenar Viejo ronda ya los 62.000 habitantes y continúa aumentando su población; el propio alcalde reconoce un crecimiento cercano a 2.000 vecinos anuales.
Por tanto, cada año perdido hace que el problema sea mayor.
Y si, como dice ahora Carlos Blázquez, empezar hoy significa quizá disponer de una solución dentro de ocho años, estamos hablando de prolongar el problema potencialmente hasta la próxima década.
Eso significa más años de sufrimiento cotidiano para decenas de miles de vecinos.
Yo no quiero que la M-50 sea del PP ni del PSOE
Llevo reclamando esta infraestructura desde 2007 y no me interesa quién corte la cinta.
Me interesa que se haga.
En 2019 escribía que había que solicitar «constantemente» el cierre entre la A-1 y la A-6.
En 2025, desde TÚ ELIGES, volvimos a registrar formalmente ante el Ayuntamiento propuestas entre las que figuraba el cierre definitivo de la M-50. Esa iniciativa fue dirigida al alcalde y a los grupos municipales para su estudio.
La reivindicación, por tanto, no nació cuando alguien descubrió que podía convertirse en un buen argumento contra el Gobierno central.
Y tampoco debería desaparecer si mañana cambia el Gobierno de España.
Ésa es precisamente la prueba de coherencia que debemos exigir a todos.
La M-50 no necesita otra campaña electoral
Necesita decisiones.
Si el Gobierno de Pedro Sánchez considera inviable el cierre completo, debe explicar claramente por qué y presentar alternativas con proyectos, financiación y plazos.
Si considera viable al menos la conexión A-1–M-607, debe estudiarla y decir cuándo puede ejecutarse.
Si el Partido Popular considera que el cierre es imprescindible, debe defenderlo ahora, pero también explicar por qué no lo materializó cuando gobernaba España y tenía jurídicamente la competencia para hacerlo.
Y el Ayuntamiento de Colmenar Viejo debe reclamarlo gobierne quien gobierne en Moncloa.
Eso es coherencia institucional.
Porque hay una conclusión que después de veinte años resulta difícil discutir:
PP y PSOE han gobernado España durante distintas etapas y ninguno ha resuelto definitivamente el problema.
El Tribunal Constitucional resolvió en 2012 quién tenía la competencia.
Lo que ninguna sentencia podía resolver era la voluntad política de ejercerla.
Mientras unos y otros convierten la M-50 en argumento de confrontación, los vecinos seguimos haciendo lo mismo cada mañana:
subirnos al coche, entrar en la M-607 y esperar que hoy no haya un accidente que vuelva a bloquear toda la zona norte.
Yo llevo denunciándolo desde 2007.
Estamos en 2026.
Han pasado casi veinte años.
Y ahora nos dicen que quizá hagan falta otros ocho.
Los ciudadanos no podemos permitirnos que la M-50 siga siendo una promesa que sólo adquiere urgencia cuando se acercan las elecciones o cuando quien gobierna en Madrid tiene enfrente a otro partido en La Moncloa.
La M-50 no necesita conversos de última hora.
Necesita coherencia, planificación y una solución.
Y, sobre todo, necesita que después de tantos años los partidos dejen de utilizar el problema para enfrentarse y empiecen a resolverlo para quienes llevan décadas padeciéndolo.
Miguel Ángel Pedrosa Ruiz
Secretario General de TÚ ELIGES
