DEL «NO OLORES» A LOS 70 MILLONES: LO QUE EL FOLLETO NO CUENTA

Collage político sobre planta de residuo

Mientras el Ayuntamiento presenta la planta privada de biorresiduos como «una oportunidad», Colmenar Viejo lleva más de cuarenta años soportando el vertedero y concentra en la misma zona otras instalaciones de tratamiento de residuos. Si de verdad se quiere informar, proponemos algo sencillo: medir ahora la calidad ambiental en la zona de influencia del vertedero, repetir las mediciones cuando funcione la planta y publicar todos los resultados.

Hace apenas unos días analizábamos qué dicen realmente los informes técnicos sobre la futura planta de biorresiduos de Colmenar Viejo. No vamos a repetirlo. Ahora hay un hecho nuevo que merece un análisis diferente: el Ayuntamiento ha puesto en marcha una campaña específica para explicar el proyecto, con informadores ambientales a pie de calle y un folleto municipal que se está distribuyendo entre los vecinos.

El alcalde, Carlos Blázquez, ha resumido el propósito de esta iniciativa con una frase difícilmente discutible: «Informar no es convencer».

Estamos de acuerdo. Precisamente por eso sorprende el lenguaje elegido para una campaña institucional financiada con recursos públicos sobre un proyecto de iniciativa privada.

Basta leer el folleto. La planta se presenta como «UNA OPORTUNIDAD PARA COLMENAR VIEJO», se habla de «una planta responsable, segura y con beneficios para Colmenar Viejo», se dedica un espacio destacado a sus «BENEFICIOS PARA COLMENAR VIEJO» y, en materia de olores, se utiliza una expresión difícilmente más categórica: «NO OLORES». También se afirma que la planta «no generará olores».

Los beneficios deben explicarse. También la tecnología, las medidas preventivas, los controles ambientales y las mejoras introducidas en el proyecto. Pero existe una diferencia fundamental entre informar y valorar. Decir cuál será la capacidad de una instalación, cómo funcionará o qué controles deberá cumplir son datos. Definir un proyecto privado como «una oportunidad para Colmenar Viejo» es una valoración positiva.

Y esa valoración no aparece en el material publicitario de la empresa promotora. Aparece en un folleto municipal pagado con recursos públicos.

Ahí está el primer problema. Una Administración no tiene por qué hacer campaña contra un proyecto que ha sido autorizado, pero tampoco debería comportarse como su departamento de comunicación. Su responsabilidad debería ser proporcionar al ciudadano todos los elementos relevantes para que sea él quien forme su propia opinión.

Y para hacerlo hay que empezar por explicar el territorio en el que esta planta va a funcionar.

Colmenar Viejo no es una hoja en blanco. Lleva más de cuarenta años acogiendo el vertedero y las instalaciones de la Mancomunidad del Noroeste, a las que llegan residuos procedentes de numerosos municipios. En ese mismo entorno se concentran además otras actividades vinculadas a la gestión y tratamiento de residuos, reciclaje, áridos y residuos de construcción y demolición.

Esto importa porque esas actividades tienen sus propias presiones ambientales. Las operaciones habituales en instalaciones de áridos o tratamiento de RCD —descarga y manipulación de materiales, trituración, machaqueo, cribado, clasificación, almacenamiento en acopios y circulación de maquinaria y vehículos pesados— son susceptibles de generar polvo y partículas en suspensión, ruido y tráfico. Precisamente por eso están sometidas a medidas de prevención y control.

No estamos afirmando, sin mediciones que lo demuestren, que una instalación determinada esté causando unos niveles concretos de contaminación en el casco urbano. Estamos diciendo algo mucho más elemental: si en una misma zona se concentran actividades que requieren controles por polvo, partículas, ruido, tráfico, emisiones u olores, esa realidad territorial también debe formar parte de la información que recibe el ciudadano cuando se incorpora una nueva instalación.

Y precisamente de molestias relacionadas con residuos Colmenar Viejo tiene experiencia.

En 2019, el Pleno municipal aprobó por unanimidad una declaración contra la ampliación del vertedero y reclamó un plan para su cierre. El propio Ayuntamiento hablaba entonces de quejas vecinales «infinitas y permanentes» por los olores, del trasiego de camiones, de suciedad y de residuos transportados por el viento hacia las fincas próximas. Posteriormente, el propio Carlos Blázquez volvió a referirse públicamente a los «problemas medioambientales y de malos olores» sufridos por los vecinos.

Declaración municipal contra la ampliación del vertedero y petición de cierre

No son, por tanto, molestias inventadas ahora por quienes cuestionan la nueva planta. Forman parte de una realidad que el propio Ayuntamiento ha reconocido durante años.

Sobre ese territorio se incorpora ahora una nueva planta privada capaz de tratar hasta 75.000 toneladas anuales de biorresiduos. No sustituirá al vertedero. Tampoco hará desaparecer las demás instalaciones. Se añadirá a ellas.

Y eso obliga a mirar más allá de la planta considerada aisladamente. Importa conocer de dónde procederán los residuos cuando alcance su máxima capacidad, cuánto tráfico adicional supondrá su transporte y cómo se integra esta nueva actividad en un entorno que ya soporta circulación de vehículos pesados y diferentes actividades de tratamiento.

También importa conocer la realidad ambiental del conjunto de esa zona, no solo la autorización administrativa de cada instalación considerada individualmente.

Por eso resulta especialmente llamativo el «NO OLORES» del folleto.

El expediente técnico no necesita utilizar semejante certeza. Habla de medidas de prevención, minimización, control y vigilancia de la contaminación odorífera. Y eso es perfectamente lógico: las instalaciones se diseñan precisamente para prevenir y minimizar sus posibles impactos.

Pero prevenir un impacto no significa garantizar que nunca pueda producirse.

La propia comunicación municipal que anuncia la campaña lo demuestra. Mientras el folleto transmite al vecino «NO OLORES», el Ayuntamiento contempla la posibilidad de que se produzcan incidencias por olores u otras molestias y explica que, si aparecen, exigirá las correspondientes medidas correctoras.

Campaña municipal sobre la planta de biorresiduos

La contradicción comunicativa es evidente: si el propio Ayuntamiento contempla cómo actuar ante posibles incidencias por olores, presentar al vecino un categórico «NO OLORES» necesita una explicación.

A todo ello se añade una realidad social que tampoco debería desaparecer del relato institucional. Existe oposición vecinal a la planta. Ha habido movilizaciones de vecinos de Colmenar Viejo y Tres Cantos y colectivos contrarios al proyecto han planteado actuaciones administrativas frente a determinadas decisiones relacionadas con su tramitación. Sus argumentos deben ser considerados como lo que son —las posiciones de quienes se oponen al proyecto—, pero su existencia forma parte indiscutible de la realidad social que rodea a la planta.

Y llegamos a los 70 millones de euros.

El Ayuntamiento ha reconocido reiteradamente el esfuerzo territorial que supone para Colmenar Viejo llevar décadas acogiendo el vertedero. El acuerdo alcanzado con la Mancomunidad supondrá, según las cifras difundidas por el propio Consistorio, un ahorro próximo a 70 millones de euros durante los próximos veinte años.

Información municipal sobre el convenio y el ahorro estimado de 70 millones de euros

Es legítimo que Colmenar Viejo obtenga compensaciones por soportar durante décadas una infraestructura supramunicipal. Pero el dinero no elimina la realidad territorial que pretende compensar.

Y resulta difícil no observar el contraste entre dos discursos. Por un lado, el Ayuntamiento reconoce décadas «soportando el vertedero», las molestias y los problemas medioambientales y de olores. Por otro, cuando se incorpora al mismo entorno una nueva instalación privada de tratamiento de residuos, el mensaje institucional elegido es «UNA OPORTUNIDAD PARA COLMENAR VIEJO».

La planta de biogás no sustituirá aquello que llevamos décadas soportando.

Se añadirá a ello.

Alcalde, si quiere informar, mida primero

Y aquí es donde queremos ir más allá de la crítica y formular una propuesta concreta.

Si existen recursos públicos para desplegar informadores ambientales y distribuir una campaña destinada a explicar las bondades de una instalación privada, destinemos también recursos públicos a obtener algo que sería mucho más útil para todos los vecinos, estén a favor o en contra de la planta:

datos independientes sobre la calidad ambiental real de toda esta zona.

Además, hay que hacerlo ahora.

Antes de que la nueva planta comience a funcionar tenemos una oportunidad que después no podremos reconstruir exactamente: establecer una línea base ambiental de la situación actual, con el vertedero y las restantes instalaciones existentes.

Midamos PM10 y PM2,5. Midamos polvo sedimentable. Midamos, donde técnicamente corresponda, gases y compuestos asociados a las actividades existentes. Midamos ruido. Contabilicemos tráfico pesado. Instalemos instrumentación meteorológica que permita relacionar los resultados con la dirección y velocidad del viento.

Hagámoslo en distintos puntos de la zona de influencia, en las direcciones predominantes del viento, hacia las zonas potencialmente receptoras y también en puntos de referencia suficientemente alejados de las instalaciones.

Y encarguémoslo a entidades técnicamente independientes, utilizando procedimientos y laboratorios acreditados cuando corresponda.

Después, cuando la planta de biorresiduos esté funcionando, repitamos exactamente las mismas mediciones en condiciones comparables.

Entonces tendremos algo que ningún folleto puede sustituir:

datos antes y datos después.

Si los resultados muestran una buena calidad ambiental, publíquense.

Si detectan problemas, publíquense.

Y si después de la entrada en funcionamiento de la planta no se observa un empeoramiento atribuible a ella, publíquese exactamente igual.

Eso es transparencia.

Eso permite al ciudadano conocer la realidad y no simplemente recibir una interpretación de ella.

Los informes ambientales existentes analizan el proyecto dentro de los procedimientos administrativos correspondientes y establecen condiciones y medidas preventivas. Pero eso no sustituye el valor de disponer de mediciones específicas sobre el estado ambiental real del territorio donde conviven todas estas actividades, realizadas antes y después de incorporar la nueva planta.

Por eso nuestra propuesta al alcalde es concreta:

Mida. Compare. Publique.

Destine recursos públicos a establecer ahora una línea base independiente de la calidad ambiental de esta zona. Comprométase a repetirla cuando funcione la planta y publique íntegramente los resultados y los datos obtenidos.

Porque entre imprimir «NO OLORES» y medir qué ocurre realmente hay una diferencia fundamental.

Lo primero es un mensaje. Lo segundo son datos.

Y si el propio alcalde sostiene que «informar no es convencer», esta es una buena oportunidad para demostrarlo.

No necesitamos que una campaña pagada con nuestro dinero nos diga de antemano qué debemos pensar de un proyecto privado.

Necesitamos conocer la realidad para decidir qué pensamos nosotros.

Recordemos que la decisión de instalar la planta de Biogás fue gracias al PP y la abstención del PSOE, sin consultar a los vecinos, sin participación, sin encuesta, entre los dos grupos políticos lo decidieron.

Miguel Ángel Pedrosa Ruiz

Secretario General de TÚ ELIGES

Menos eslóganes. Más datos. Más transparencia.

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