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SOBRE ESOS PENSAMIENTOS FALSOS

Destacado SOBRE ESOS PENSAMIENTOS FALSOS

He leído el artículo publicado recientemente en este mismo medio por D. Ángel Luis Cancela acerca de “la existencia de pensamientos falsos, bloqueantes, que crean fronteras, que impiden y estorban el avance y crecimiento de la ciencia, del conocimiento, y de la conciencia”. Es un tema sugerente por su interés informativo y didáctico, que me invita a reflexionar, a pesar de mis escasos recursos de sentido común y todavía menores sobre psicología. Sin embargo, retrotrayéndome a cuando se inventó la rueda, como cariñosamente me critica mi hija, me atrevo a hacer algunas consideraciones al respecto, pues, el hecho de que se escriba sobre la existencia de este tipo de pensamientos supone de facto que un gran número de personas los padecemos y me pregunto ¿por qué los elaboramos? 

Por ejemplo, cuando se piensa “esto es imposible” se mata la posibilidad del paso de la potencia al acto, además de la esperanza, de plano. Pero, ¿qué cosa etérea, tan maravillosa, es la esperanza? En principio parece tratarse de una especie de fe en que se verifique algo que deseamos y, probablemente, que creemos que nos merecemos. Sin embargo, la experiencia, el devenir de los hechos en el tiempo, también ha llevado a algunos pensadores (Nietzsche) a definir la esperanza como “el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”.

Cuando pensamos “no hay Dios”, ¿se trata de un pensamiento vacío, cuando sabemos que su existencia es una incógnita desde el Paleolítico, sin que hasta el momento los no versados en teología podamos decir de él nada más que lo que permite una fe sencilla, cultural, humana? Para estos practicantes de una fe sencilla se trata de un tema sobre el que millones y millones de páginas escritas se contienen en una sola frase de Spinoza: “sentimos y experimentamos que somos eternos”. Si el ser humano crece en un entorno cultural en el que la religión desempeña un papel fundamental en la educación, ¿es extraño que se cuestione ciertas cosas que se le afirman y que ve que no se cumplen, al menos, desde su humilde perspectiva?

¿Cómo no van a existir pensamientos acerca de que “la ciencia es sólo lo que se mide y lo que se pesa", y que “la realidad es solo lo que se ve y lo que se toca”, si todo lo demás, lo intangible, o inmaterial, lo etéreo, incluso lo espiritual, nos lo han dado en un arca cerrada desde la antigüedad para que no pueda salir? No intentaré demostrarlo, pues exigiría revisar la historia del pensamiento humano y ello nos llevaría incluso a cuestionarnos la posibilidad de ciertos tipos de conocimiento.

Reitero mi respeto y mi adhesión a la intención del autor del artículo previo. Tenemos que retirar de nuestro cerebro estos pensamientos que nos hacen tanto daño. Con permiso de la psicología y la teología, quizás deberíamos ser más “filósofos” en el sentido de hacer cada día de nuestra vida una lucha por descubrir la verdad o aquello que más se le asemeje. No es extraño que la mente humana esté llena de este tipo de pensamientos y que salgan en la medida que las expectativas que asegura, que da por ciertas su entorno cultural e ideológico, no se cumplen, y la instalación definitiva en el cerebro hace daño.

Seamos niños; extrañémonos de todo; no nos dejemos engañar por esas verdades que, tan bien confeccionadas, nos venden los demás y que, demasiado a menudo, ni siquiera las practican, pero que siempre juegan a favor de sus pretensiones. ¿Cuánto nos hemos perdido por no habernos enseñado a pensar, aunque nuestros educadores eran víctimas de víctimas? Ahora pagamos las consecuencias; tenemos la mente llena de fantasmas, de enemigos, a los que creemos poder desterrar de un plumazo, cuando desde fuera se siguen alimentando.

                                                                                                               Alfredo Martín Antona

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