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LA NATURALEZA HUMANA

Destacado LA NATURALEZA HUMANA

                Volver a leer la “Historia de la filosofía occidental” (1945), del filósofo, matemático y escritor Bertrand Russell, me da ocasión para hacer algunas consideraciones (superficiales y hasta llega mi entendimiento) sobre el comportamiento humano respecto a los contenidos éticos. Para ello, me detengo en las páginas que ilustran ese momento que denominamos el Renacimiento y en los valores que guiaron la vida de algunas de sus figuras más eminentes.

Tomás Moro (1478 - 1535), abogado y hombre humanista y piadoso, fue nombrado en 1514 caballero y después canciller por Enrique VIII. Cuando éste quiso divorciarse de Catalina de Aragón a casarse con Ana Bolena, Moro se opuso y dimitió en 1532. “Su incorruptibilidad la demuestra el de que tras su renuncia sólo disponía de cien libras al año”. A pesar de ello, el rey le invitó a su nueva boda, lo que Moro rehusó. Asimismo, el rey envió al Parlamento el Acta de Supremacía, nombrando a él y no al Papa, cabeza de la Iglesia de Inglaterra, lo que requería un juramento que Moro se negó a prestar. Hasta ahí habíamos llegado, pues se probó (como es natural) que Moro había dicho que el Parlamento no podía hacer a Enrique VII la cabeza de la Iglesia, por lo que fue decapitado. A pesar de demostrar semejante ejemplaridad, hoy se le recuerda fundamentalmente por su obra: “Utopía”.

Francis Bacon (1561-1626), también inglés, trabajó en el método inductivo en filosofía y fue precursor de la sistematización del procedimiento científico. Su situación familiar le permitió entrar en el Parlamento con veintitrés años y ser consejero del Conde de Essex, pero, cuando éste perdió el favor, colaboró en su persecución, siendo tachado de traidor e ingrato. Russell considera esto injusto, pues trabajó con Essex mientras éste fue leal. Con Jacobo I, Bacon tomó el cargo de su padre y luego el de lord canciller, pero a los dos años fue perseguido por aceptar presentes de los litigantes; una acusación que reconoció, alegando que los obsequios nunca influyeron en sus decisiones, por lo que se le impuso una cuantiosa multa y el encarcelamiento en la Torre, pero, al final, todo quedó en que pasó cuatro días en la Torre. Dice Russell que “no fue hombre de moral notable, pero tampoco fue un malvado excepcional. Moralmente, fue un hombre del montón, ni mejor ni peor que la mayoría de contemporáneos”.                                          

Galileo (1564-1642) nació en seno de una familia que se permitió darle una formación esmerada. Después, enseñó matemáticas y astronomía bajo la tutela de los Medici y hasta su madurez enseñó el geocentrismo de Ptolomeo, aunque sentía el heliocentrismo de Copérnico. Cuando sus descubrimientos le dieron fama se decantó por el heliocentrismo y, en 1624, el Santo Oficio le incoó la primera causa, que fue sobreseída. Durante los años siguientes también tuvo problemas, que amortiguó el papa Urbano VIII debido a la gran fama de Galileo. Pero, en 1632 editó una obra que pronto le fue confiscada. Urbano VIII se sintió burlado y el Santo Oficio le incoó otro proceso que tampoco pasó de la reclusión domiciliar. Entonces, Galileo se retractó con la promesa de volver a sus tesis en favor del geocentrismo, ante lo cual, los inquisidores se conformaron con que no volviera a escribir de cosmología. Por las razones que fueren, se le dieron muchas oportunidades en unos tiempos difíciles.

Tomás Moro mantuvo una ejemplaridad sin tacha en el ejercicio de sus ideales éticos, que le costó ser decapitado. Bacon fue un hombre de moral mundana; leal con la reina y desleal con el Conde, además de ciertas corruptelas en su cargo de juez. Galileo mantuvo un tira y afloja con el Santo Oficio que pocos hombres de su época podían mantener. Pero ambos, Bacon y Galileo salvaron la vida, el bien más preciado.

                No cabe duda de que la ética humana debe regirse por una conducta que lleve al bien, porque el bien es un fin en sí mismo, aparte de los contenidos culturales y religiosos que lo refuerzan, pero ¿cuál fue la utilidad de la conducta de Tomás Moro que, siguiendo a Sócrates, entregó el mayor bien dado al ser humano en aras de la rectitud moral? Por otra parte, ¿es lícito que la ley disponga de la vida ajena? ¿Cómo es posible que algunos hombres entregaran de forma tan generosa este bien, si pudieron retractarse (aun con problemas de conciencia), mientras otros, que detentaban el poder político y religioso, a los que se supone cultivados y humanistas por su formación teológica, pero envueltos en el fanatismo de adquirir más poder, no tenían en su interior un daimon que les informara de la necesidad de demostrar la misma rectitud moral de sus actos que a Tomás Moro?

                Quizás encontremos alguna respuesta en la obra de Erasmo de Rotterdam (1469-1536), otro gran humanista de esta época a pesar de los problemas de su infancia y los engaños de sus tutores. Erasmo escribió “Elogio de la locura” (1511) durante un viaje a Londres y en la casa de Tomás Moro, a quien se la dedica. Es una obra profundamente satírica y crítica, en la que la locura se manifiesta como un bien para aquellos que pretendan acceder al conocimiento, pues la sensatez no cabe en la sociedad de su época, contra la que arremete en todos sus aspectos. Respecto a los papas, dice que: “Debían imitar a su Maestro en la humildad y la pobreza. Sus únicas armas deberían ser las del Espíritu; y de éstas, son altamente pródigos, como de sus entredichos, suspensiones, denuncias, vejaciones, sus excomuniones mayores y menores y sus rugientes bulas, que fulminan contra todo el que los combate; y estos muy reverendos padres nunca las lanzan con tanta frecuencia como contra los que, a instigación del diablo, y sin tener el temor de Dios ante su vista, intentan alevosa y maliciosamente aminorar y menoscabar el patrimonio de San Pedro”. 

                                                                            Alfredo Martín                                          

                                                                              

Modificado por última vez enJueves, 28 Octubre 2021 11:17
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