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Juan Manuel Jimenez Muñoz

Juan Manuel Jimenez Muñoz

BOCACIÓN VIENE DE BOCA

Los albañiles de hoy no son como los de antes. Ahora son demasiado exigentes, muy señoritos: quieren andamios seguros, trabajar siempre con casco y amarrarse con arneses. Y si no, les da ansiedad. Qué cabrones. Los albañiles de antes sí que eran vocacionales: andaban sobre una viga a trecientos metros del suelo. Y sin atarse. Y qué decir de los mineros de ahora, los hijos de la gran Bretaña. Menudos tiquismiquis sin vocación. Antes de bajar a la mina quieren saber con certeza que no hay fugas de grisú, como si no fuese suficiente llevar un canario enjaulado. Y si no, les da ansiedad. Cagoensanpitopato. Los mineros antiguos sí que eran vocacionales: usaban el pico y la pala en lugar de dragalinas, y llevaban un canario para avisar del grisú. Cagoenmivida. ¡Qué entrega y amor al trabajo! Todo por la minería. Vocacionales ellos. Unos héroes.

Hola lector. Hola lectora. Si lo que acabo de escribir lo hubiese dicho de veras, me correrían a gorrazos. Y con toda la razón. Porque claro, identificar vocación con temeridad y con aceptar unas malas condiciones laborales es impensable si nos referimos a albañiles, fontaneros, mineros o concejales de urbanismo. Otra cosa es el personal sanitario. Ahí, sí. Ahí cabe tirar de la vocación para justificar desmanes.

El artículo de hoy lo he escrito por dos razones: la primera, porque me sale del Nabucodonosor; y la segunda, porque me ha puesto de los nervios un artículo publicado en redes sociales en la página de “Cadena Ser” y firmado por una periodista. Comienza así:

<<A Carmen, un ataque de ansiedad en una guardia del Centro de Salud durante su primer año como MIR, le hizo ver su futuro de otra manera. No era lo que ella esperaba. No le compensaba los años de estudio, de sacrificio, de ser la mejor para poder llegar a lo alto. La vocación, o la que ella creía que era su vocación, no fue suficiente para soportar lo que vio en ese Centro de Salud: la enorme presión asistencial, la falta de tiempo, la sensación de no hacer bien su trabajo (…). Los estudiantes de Bachillerato que este año consiguieron entrar en la Facultad de Medicina tuvieron que superar un 13,45 de nota de corte. Llegan los mejores, los más brillantes, los que más se esforzaron, los cerebritos con las mejores notas, pero eso no significa que tengan vocación de médico (…). ¿Cómo se mide la vocación? O dicho de otra manera: ¿qué estás dispuesto a dar por tu vocación? Las generaciones anteriores tenían otro enfoque distinto sobre lo vocacional: todo por la medicina. Pero ahora no es así>>.

Claro, claro, claro. Menuda hijadeputa la tal Carmen, la del ataque de ansiedad. Mira que no ser médico vocacional. Mira que no poder soportar la falta de tiempo para atender al paciente, la masificación asistencial, la sensación de no hacer bien su trabajo. Mira que no comportarse como los dinosaurios anteriores (yo incluido): tragar con todo a base de vocación. Mira que no andar sobre una viga a trecientos metros del suelo, y sin amarrarse. Mira que no llevar un canario para oler el gas grisú. Cago en la tal Carmen. Qué exquisita me ha salido. Y qué exigente. La pobre pide más tiempo, como el albañil pide un casco. A quién se le ocurre. Menuda pachorra tiene la Carmen. Menuda falta de vocación. Hala, hala, Carmen. A tomar viento.

En fin. No digo más, porque me llevan los demonios. Pero bueno, la solución está clara: hay que bajar la nota de corte para acceder a la Facultad de Medicina. Que en lugar de entrar los cerebritos con 13,45 puntos en el expediente, entren los de 0,5 puntos. Esos, sí. Esos tendrán vocación verdadera, vocación de que te contraten por semanas o por días, de que te masifiquen la consulta, de que ignoren tus reclamaciones; vocación de no hacer bien tu trabajo, de soportar las guardias de 24 horas sin cotizar a la Seguridad Social, de bajar a la mina con un canario, de que te insulten los pacientes. Eso sí que es vocación, y lo demás es tontería.

Porque no nos engañemos: la vocación es necesaria en todas las profesiones; pero no puede ser una excusa para aceptar lo inaceptable, ni un látigo para explotar a la gente. Y eso vale para albañiles, mineros, enfermeras, fontaneros, médicos, conductores de autobús y concejales de urbanismo.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

UNA LECCIÓN APRENDIDA

En 1988, cuando yo era médico residente en el Hospital Carlos Haya de Málaga (27 años tenía), viví algo que, aunque banal en apariencia, me dio mucho que pensar. La anécdota podría contarla recurriendo al humor o al chiste. Pero no. Tras meditarlo, he decidido que, dado que aquella metedura de pata me sirvió para mejorar como médico, merece la pena esforzarme y extraer, en tono serio, una reflexión profunda.

Los médicos residentes, por si alguien no lo sabía, son médicos que han acabado la carrera de Medicina y que, tras aprobar unas durísimas Oposiciones Nacionales (el famoso MIR), hacen su especialidad en cualquier hospital de España. Están formándose, pero ya son médicos. O, dicho al revés, aunque ya son médicos aún están en periodo de formación.

Una de las tareas fundamentales de los médicos residentes es atender las Urgencias. Una tarde cualquiera de 1988, estando yo en el Área de Observación con cuatro camas a mi cargo (supervisado siempre por médicos mayores), aterrizó por allí una paciente de 82 años a la que llamaremos Aurelia. Aurelia, procedente de un pueblo cuyo nombre omitiré, vino a parar a mi esquina; y, una vez aposentada en mi terreno, durante doce horas completas la atendí lo mejor que supe.

Venía Aurelia con un grave problema de anuria. Esto es: no orinaba en absoluto. Aurelia tenía una diabetes tan avanzada que sus riñones estaban hechos trizas. No filtraban la sangre. No orinaba desde hacía varios días. Era una sentencia de muerte. Una anciana desahuciada por la ciencia.

Bajaron a verla los internistas, los nefrólogos y los urólogos de guardia. Todos coincidieron en lo mismo: la diálisis no era posible por su mal estado de salud y por la avanzada edad; los medicamentos ya no servían para tratar el problema de Aurelia; y un ingreso hospitalario, para morir en pocos días, no era del todo preciso.

Hablamos con sus hijos para que eligieran entre las dos opciones posibles: quedarse, o irse. Fueron unánimes: llevársela de vuelta al pueblo. Fue una decisión sensata: para morir, si el caso es manejable, nada mejor que tu habitación, tu casa, tus hijos, tus nietos, tus amigos de siempre.

Mientras Aurelia estuvo en el Área de Observación (mientras le hacíamos todas las pruebas que necesitaba y los especialistas iban dando el veredicto), yo charlé mucho con ella. Aurelia estaba en sus perfectas cabales, y era una mujer simpática. Me explicó las faenas agrícolas que había hecho de pequeña; y yo, que también soy muy cateto, le daba palique hablándole de olivos, de espuertas, de morcillas y de albercas. Aurelia y yo, por qué no decirlo, nos cogimos afecto.

Pero llegó el momento de irse y, ¡ay horror de los horrores!, la enferma nada sabía. Sus hijos no se habían atrevido a decirle que se iba. Los especialistas que bajaron a tratarla, tampoco. Y a mí, su médico en ese momento, se me había pasado por alto el pequeño detalle de comunicar a Aurelia que lo suyo no tenía solución, que iba a morirse de todas-todas, que ya no orinaría nunca jamás y que, por decisión de todos menos de ella, se iba a marchar a su pueblo en pocos minutos.

Casi con la ambulancia en la puerta, hube de dar la mala noticia a la dueña de su vida. Era lo justo. Durante las doce horas que allí estuvo, aunque tratada y remirada por medio hospital, yo había sido el médico de Aurelia. Su referencia.

Dar malas noticias es algo para lo que no te preparan en la Facultad de Medicina. Al menos así ocurría antes, en mis tiempos. Ahora, no lo sé. Digamos que dar malas noticias era (o sigue siendo) una ingrata tarea que aprendíamos los médicos a base de ensayo y error. Esto es: a base de meter la pata muchas veces. Y yo, con Aurelia, la metí hasta las honduras. Porque, aunque había docenas de maneras de abordar correctamente el asunto, yo, inadvertidamente, por precipitación o inexperiencia, escogí la única que no se debe escoger: la de tratar a un paciente como si fuera un tonto. Y un paciente, aunque esté senil o terminal, no es ningún tonto. Es un paciente. Una persona con derechos. Y, entre ellos, el derecho de recibir información veraz.

Me acerqué a la cama de Aurelia y le cogí las manos. Luego, con aire falsamente desenvuelto, con mi mejor sonrisa postiza, le espeté:

– Muy bien, Aurelia. Traigo muy buenas noticias. Te vamos a dar el alta y te vas a marchar a casa. Te hemos puesto unos medicamentos nuevos que harán efecto en unos días. El médico de tu pueblo, con el informe que llevan tus hijos, ya se encargará de hacerte orinar.

Aurelia me miró, burlona. Aún recuerdo la negrura de sus ojos, el tacto de sus dedos y las arrugas de su cara; el pelo, limpio; blanquísimo; su mano, asida a la mía.

–Sí hijo, sí. Desde luego –. Aurelia no me había llamado “doctor”, sino “hijo”. Y una sonrisilla traviesa dejó entrever su dentadura. Luego, amable y mordaz al mismo tiempo, prosiguió–: Si no he orinado en el Hospital Carlos Haya... ¡voy a orinar en mi pueblo!

Y a mí, en aquel preciso instante, se me cayó la cara de vergüenza.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

YO SÍ VOY

1-Doctor. ¿Irá usted el próximo domingo 8 de octubre a la manifestación de Barcelona?

Por supuesto. Estamos asistiendo a un Golpe de Estado largo, insoportable, injusto y caciquil que desembocará, si no ponemos remedio, en la secesión unilateral de Cataluña. En estos días, en esta España desquiciada, mandan aquí cinco personas de nula catadura moral. Puigdemont: un delincuente fugado. Junqueras: un delincuente indultado. Otegi: un delincuente que cumplió condena por terrorismo. Pedro Sánchez: un sociópata. Yolanda Díaz: astronauta. Y a esa coalición de voluntades para cargarse la Constitución del 78, hay que pararla en las urnas y en las calles.

2-Vale, doctor. Pero… ¿a usted qué coño le importa si los catalanes se van o se quedan?

No me importa que se vayan si, previamente, nos consultan a todos los españoles. Nadie mueve unas fronteras sin preguntar a todos los dueños del país. El vecino de tu finca no puede mover una linde sólo porque a él se le antoje. Y yo no consentiría que, en mi bloque de viviendas, los de la quinta planta se independizaran del resto sin permiso de la Junta de Vecinos. Se llama Soberanía Nacional, reside en el conjunto del Pueblo Español y lo dice la Constitución. Ya sé que no está de moda, pero lo dice.

3-Bueno, doctor. Usted dirá lo que quiera pero… ¿no es maravilloso el “derecho a decidir”? ¿No es bonito y democrático que cada región o provincia decida si quiere o no quiere quedarse en España?

A ver. El “derecho a decidir” es un eufemismo inventado en 2014 por Podemos para hacernos tragar con el “derecho de autodeterminación”, un derecho que, según la ONU, sólo es aplicable a las colonias, y un derecho que, curiosamente, no otorgan los paraísos “progresistas” en que se miran Podemos, Sumar, Bildu o ERC. En Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia y Corea del Norte no permiten a sus regiones “decidir” si se van o si se quedan. Es más, fusilarían a quien tuviera el atrevimiento de plantear semejante disparate. Por otro lado, cualquier referéndum de autodeterminación contiene una trampa antidemocrática: siempre los gana el que quiere marcharse. Si sale que sí, se van y ya no hay vuelta atrás. Y si sale que no, se repite la pregunta cada cierto tiempo hasta que salga el sí.

4-Doctor, pero si los catalanes deciden marcharse de España supongo yo que sus propios territorios también tendrán después “derecho a la autodeterminación”. ¿Verdad que sí?

No. Cataluña no deja ejercer ese derecho a los habitantes de su propio territorio. Así está escrito en el borrador de su futura Constitución Republicana: niegan el “derecho a decidir” al Valle de Arán, a pesar de que la lengua propia de ese territorio es el occitano. Entonces… ¿por qué habríamos de permitir a Cataluña lo que ella no permite al Valle de Arán?

5-Usted es un poquito exagerado, doctor ¿España está en peligro por haber suprimido el delito de sedición y por conceder ahora una amnistía total a los golpistas? Imposible.

Vamos a ver, lector. Nadie se pone un condón si no pretende follar. Con todos los golpistas amnistiados, con un gigantesco “pelillos a la mar”, con el Código Penal sin el delito de sedición, con la malversación política descafeinada, con el rey desautorizado, con Conde-Pumpido en el Tribunal Constitucional, con el Estado español habiendo asumido que España no es una democracia, y que los responsables del Golpe de Estado de 2017 no fueron los golpistas sino el propio Estado español… ¿qué les impediría a los golpistas catalanes reincidir? ¿Qué les impediría a los separatistas de Bildu seguir el mismo camino? ¿No estarían ya seguros de no recibir ningún perjuicio personal en caso de otra intentona? ¿No lo tendrían más fácil?

6-Ya será menos, doctor. Ningún separatista dará otro Golpe de Estado.

¿Por qué, lector? ¿En qué te basas? ¿No los oyes jactarse AHORA MISMO, en público, de que lo volverán a hacer? ¿Eres sordo? ¿Eres ciego? ¿Eres acaso avestruz? ¿Pasas de todo? ¿Te falta un tornillo? ¿No te importan tus propiedades? ¿No te importa que te engañen, que te ninguneen, que te escupan a la cara? Y además, el historial del golpismo catalán es centenario. Centenario.

7-¡Qué me dice, doctor! ¿Los golpistas catalanes lo han intentado otras veces?

Unas cuantas. Y siempre lo ha intentado una facción pequeñita en contra de la mayoría de su propio pueblo. Y siempre liderados por los clanes más pudientes: burguesía, nobleza y clero. En resumen: por aquellos que saben que, comiendo aparte, comerán más.

8-¡Increíble, doctor! No sabía nada. ¿Cuándo ha pasado eso?

La primera vez, en 1640. Los catalanes secesionistas asesinaron al virrey de España y organizaron su primera Generalitat. Luego, para mayor felonía, entregaron Cataluña a Francia. Todo acabó a las bravas: Felipe IV, en 1652, reconquistó Cataluña a sangre y fuego, y Cataluña volvió a acatar la soberanía española a cambio de una amnistía general. ¿Te suena, lector?: amnistía general. Pero durante doce años (¡doce!), Cataluña fue francesa. Y de paso, perdimos para siempre, a manos de Francia, dos regiones del norte de Cataluña.

9-Batallitas lejanas, doctor. 1640 nada menos. Seguro que aprendieron la lección.

Para nada, lector. Entre 1701 y 1714, durante nuestra Guerra de Sucesión, mientras toda España se ponía del lado de los recién llegados Borbones, Cataluña apoyó a los Austrias. Mala elección. Vencieron los Borbones, y Cataluña perdió sus Fueros. Ése es el origen de la Diada: no fue un heroico levantamiento de los catalanes contra España, como nos venden cada 11 de septiembre, sino la pura mala suerte de elegir el bando equivocado.

10-Bah, bah, bah, doctor. Peccata minuta. Seguro que no lo volvieron a repetir.

Te equivocas otra vez, lector. El 8 de marzo de 1873, durante la Primera República, mientras la España de los Cantones (igual que ahora) se subastaba al mejor postor, los sediciosos proclamaron el Estado Catalán y abolieron el ejército. A los pocos días, a base de concesiones desde Madrid, recularon. Poco pasó para lo gordo que fue aquel año 1873.

11-Joder, doctor. ¡De qué cosas se entera uno! Pero supongo que ahí se acabarían los intentos secesionistas catalanes, ¿verdad?

¡Ay, lector! No quiero llamarte iluso, pero me lo estás poniendo a huevo. El 14 de abril de 1931, mientras en toda España se proclamaba la Segunda República Española, Francesc Maciá proclamó… ¡la República Catalana! Si no llega a ser porque varios políticos republicanos de renombre viajaron a Barcelona con promesas de otra Generalitat (cosa que concedieron enseguida), el asunto hubiese terminado a tiros.

12-¡Qué susto, doctor! Menos mal. Supongo que, ya con la Generalitat en la mano, y con la Segunda República funcionando, no habría más intentos golpistas catalanes hasta que el cabronazo de Franco se levantó contra el Gobierno legítimo de la Segunda República.

Mira, lector. No te digo trigo por no llamarte Rodrigo. Eres un fistro pecador de la pradera. Eres más torpe que el caballo de Bonanza. ¿No te estoy diciendo que los secesionistas son incorregibles? ¿No te estoy diciendo que los sediciosos no escarmientan? ¿No te estoy diciendo que los golpistas son reincidentes? ¿No te estoy diciendo que nunca se conformarán con otra cosa que no sea marcharse? ¿No te estoy diciendo que nos estrujarán mientras tanto? ¿No te estoy diciendo que no se puede negociar con un león que tiene tu cabeza entre sus fauces? ¿No te estoy demostrando que aplacan sus instintos durante décadas sólo para liarla de nuevo cuando más les conviene? ¿No te estoy diciendo que jamás respetarán promesas ni concesiones? ¿No te estoy diciendo que sólo el temor a la cárcel y al embargo de sus bienes puede cortar esta lacra? No me des la lata, coño. ¡Pues claro que se levantaron contra la Segunda República, joder! A la mínima de cambio. Fue en 1934, cuando ya llevaban tres años de autogobierno. ¿Qué creías, lector? ¿Que habiendo sido franceses se iban a conformar con una pequeña Generalitat?

13-¡No me diga, doctor! ¿También se levantaron contra la Segunda República? ¿Contra la mano que les daba de comer? ¡Qué barbaridad!

Pues claro que sí. Lluís Companys, en octubre de 1934, proclamó el Estado Catalán. Se atrincheraron los sediciosos en el edificio de la Generalitat, y el Gobierno de la República tuvo que enviar soldados y artillería para sacarlos a tiros. Artillería, lector. Artillería. Companys fue condenado por rebelión, pero una posterior amnistía concedida por el PSOE y por el Partido Comunista (¿te suena?) lo sacó de la cárcel y lo encumbró como Presidente de la Generalitat durante toda la Guerra Civil.

14-Ozú, ozú, doctor. Me está poniendo usted malo. Supongo que la de 1934 sería ya la última intentona golpista catalana, ¿verdad?

Te la estás ganando, lector. Me tienes hasta la coronilla y te la está ganando. ¿No sabes que en 2017 dieron otro golpe de Estado contra la actual Constitución democrática de 1978, la que ahora les da de comer? Y en ésas estamos: pergeñando PSOE y Sumar otra amnistía que olvide el delito y que cargue las culpas contra el “Estado represor”, contra los policías y guardias civiles que, por orden del Gobierno, pararon el Golpe en 2017: ésos que Sánchez, desde la tribuna del Congreso, llamó despectivamente "piolines" y que ahora, con su vida destrozada y sin posibilidad de amnistía, están encausados penalmente por llevar a cabo una "represión violenta" contra "el pueblo" catalán.

15-Joder, doctor. Me deja usted patidifuso. ¡Cuánto sabe usted de Historia! Y yo no había leído nada de nada sobre todo eso.

Ya lo sé, amigo mío. Ya lo sé. Por algo PSOE y Podemos, en la enésima reforma de la LOGSE, han cambiado todo el temario de Historia.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Ciudadano español con dos dedos de luces y tres gramos de vergüenza.

SEMBRANDO VIENTOS; RECOGIENDO TEMPESTADES.

Hace ahora exactamente un año que Sánchez se miró los testículos y, sin consultarlo al Consejo de Estado, sin llevarlo en su programa electoral, sin comentarlo a sus propios ministros, sin debatirlo en el Parlamento Español, sin preguntar en un referéndum, hablándolo tan sólo con Begoña, nos enemistó con Argelia, se bajó los pantalones con Marruecos y dejó tirado al pueblo saharaui.

Lo que ganó Pedro Sánchez es un misterio. Un misterio en forma de teléfono. De teléfono móvil espiado por Marruecos, más exactamente. Un misterio dentro de un enigma. Un enigma dentro de un acertijo. Un acertijo dentro de una incógnita. Una incógnita dentro de un misterio. El tiempo y los jueces lo dirán en su momento.

Lo que se nos ha vendido del asunto –que viniendo de Sánchez tiene que ser forzosamente mentira– es que, a cambio de reconocerle al sátrapa de Marruecos la soberanía del antiguo Sahara Español, Marruecos nos perdonará la vida en el doble sentido de su chantaje: (1) frenará la inmigración ilegal y (2) cesará en sus continuas reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.

Que lo de los inmigrantes es incierto, no hay más que verlo. Pasen por cualquier local de Cáritas y comprobarán la realidad de la inmigración descontrolada y sin papeles.

Sobre lo segundo, sobre Ceuta y Melilla, las palabras exactas de Sánchez tras su vergonzosa capitulación ante Rabat fueron éstas: "hemos asumido que en nuestro discurso y en nuestra práctica política vamos a evitar todo aquello que sabemos que ofende a la otra parte, especialmente lo que afecta a nuestras respectivas esferas de soberanía".

Que aquello era un timo, lo intuíamos. Pero, por si había alguna duda, ayer habló públicamente sobre Ceuta y Melilla Enaam Mayara, el Presidente del Senado marroquí, que es la cuarta autoridad de aquel Estado. Insisto, lector. Lo que vas a leer seguidamente son las palabras de la cuarta autoridad del Estado marroquí, no las de un pelagatos cualquiera que pasaba por Rabat. Insisto, lector. Lo que vas a leer seguidamente son las instrucciones que da la cuarta autoridad de Marruecos a todos los marroquíes que viven en España. Insisto, lector. Lo que vas a leer seguidamente son las palabras pronunciadas ayer por el Presidente del Senado marroquí, y publicadas por la prensa, una vez que Pedro Sánchez ha dejado bien atados sus asuntos personales y nos ha enemistado con Argelia. Aquí van, amigo lector. Abre bien los ojos y los oídos, pues no parecen las palabras de un amigo que haya renunciado a nada:

<<Sigue la colonización española en Ceuta y Melilla, y por eso no hemos cesado, ni cesaremos, de hablar de las posibles soluciones para recuperarlas. Estoy convencido de que Marruecos recuperará algún día las dos ciudades ocupadas mediante la negociación, sin recurrir a las armas, recurriendo al diálogo y no a los hechos consumados. Quiero animar a los marroquíes residentes en España a entrar en los partidos políticos españoles y a participar en las elecciones para ayudar a acercar las opiniones de los dos países y formar un 'lobby' que ayude a defender todas las cuestiones vinculadas a nuestra patria, a Marruecos. En mi opinión, la comunidad marroquí en España debe ser vista como un punto de presión y apoyo capaz de influir en la política exterior de este país amigo. Y ese papel de la comunidad marroquí en España será muy importante en los próximos años>>.

En resumidas cuentas, lector: como eres persona instruida, termino mi artículo con la cita bíblica de Isaías, capítulo 6, versículos 9 y 10. Dice así:

<<Oíd bien, pero no entendáis; ved bien, pero no comprendáis. Oh, Dios. Engruesa el corazón de este pueblo, atora sus oídos y ciega sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón>>.

Y con eso... está todo dicho.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

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