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Juan Manuel Jimenez Muñoz

Juan Manuel Jimenez Muñoz

SANIDAD, SANIDAD, SANIDAD.

Que durante una pandemia mortal hayamos tenido que atender a muchísimos pacientes por teléfono entra dentro de la lógica, aunque no de lo deseable.

En aquellos años de “sanidad guerrera” (2020-2021), y hasta que las vacunas contra el COVID cambiaron el panorama, no eran convenientes las aglomeraciones en las salas de espera, ni que las personas acudiesen a los Centros de Salud por motivos meramente administrativos.

Todavía hoy, finales de 2022, la consulta telefónica es positiva para renovar recetas, emitir partes de confirmación, dar el resultado de una analítica o llevar a cabo los muchísimos y absurdos actos burocráticos que nos consumen horas de trabajo y asolan la Atención Primaria.

Pero convertir la consulta telefónica (una útil herramienta secundaria) en un sucedáneo permanente de la consulta presencial es un disparate propio de burócratas, de gentecilla que no sabe lo que de verdad acontece en la relación entre médico y paciente.

Los médicos y las enfermeras, para las consultas clínicas, necesitamos ver al paciente, observar su gestualidad, oír en directo sus quejas, tocar sus barrigas, auscultarlos, e incluso olerlos. Como decía Marañón “entre médico y paciente lo único imprescindible es una silla”. Y si esto es así en una consulta normal, no te quiero ni decir en una consulta de Urgencias.

Poner las Urgencias Extrahospitalarias en las exclusivas manos de las enfermeras es una temeridad que las deja a ellas a los pies de los caballos. Y atender urgencias por teléfono, o por videoconferencia, sin explorar al paciente y sin realizar las pruebas complementarias que precise el caso, deja a los médicos a los pies de la Justicia, y a los pacientes a los pies del sepulturero. Por eso, bienvenidas sean las protestas de pacientes y profesionales allá donde se produzcan.

Madrid es sólo un escaparate de lo que está aconteciendo en toda España desde hace tres décadas, y bajo todas las siglas políticas: se abren Centros de Salud que no se rellenan con sanitarios; se abren puntos de urgencia sin profesionales suficientes; y se abren consultorios rurales sin pediatras. Mucho ladrillo y poco personal. La cosa es inaugurar algo. Cortar lacitos, hacerse la foto y salir corriendo hacia el despacho. Que arree el que venga.

Las mareas sanitarias de 2017 y 2018 le costaron el puesto a la corrupta administración socialista andaluza. Yo aporté mi granito de arena desde este muro de Facebook, cosa de la que me alegro. Y ahora, no me extrañaría que sucediesen cosas parecidas en Madrid, Asturias, Cantabria, y en el resto de España. Porque cuando los sanitarios y los pacientes nos unimos, somos una fuerza invencible. Recordemos el ejemplo de Jesús Candel.

Dejen ya de poner parches, señores políticos y señores gestores. La sanidad es una piscina agrietada por la que se escapa el agua. Y la solución no consiste en echar más agua a la piscina, sino en tapar la grieta. Por más que abran ustedes las Facultades de Medicina, o el MIR, para que acaben más médicos…dará exactamente igual: se fugarán, como se fuga el agua de la piscina, hacia donde los traten mejor, hacia donde no los insulten, hacia donde no les agredan, hacia donde les paguen más y les hagan contratos estables.

Pueden ustedes “fabricar” más médicos y más enfermeras, como se lanza más agua a una piscina con grietas. Pueden “fabricarlos” como churros. Será inútil. Gastaremos el dinero de la Universidad (dinero público) en formar magníficos profesionales para que los disfruten en Islandia, Alemania, Portugal, Dinamarca o Suecia.

Tapen mejor la grieta, estúpidos. Tápenla de una vez.

Estamos casi a la cola de Europa en gasto sanitario por habitante. Pero hay dinero sobrado para chiringuitos múltiples, para chorradas diversas, para ocurrencias estrambóticas, para comprar voluntades, para fastos y festejos, para inútiles asesores, para asesores de los asesores, para asesores de los asesores de los asesores, y para una insoportable cleptocracia que dinamita el país. Sólo con lo defraudado por la Güterl y los ERE, estarían ahora en España todos los profesionales sanitarios que se han tenido que marchar al extranjero.

¡Ánimo, compañeros madrileños! ¡Ánimo, compañeros de Cantabria, de Asturias, de Murcia, de Aragón, de Andalucía, de Canarias…! ¡Ánimo, compañeros de España! ¡A por todas, caiga quien caiga! ¡Por nosotros, por nuestra profesión, por la sanidad pública y por nuestros pacientes!

¡Ánimo, compañeros!

¡Tapemos la grieta de la piscina! ¡Tapemos la grieta! ¡Tapemos la grieta!

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico de Andalucía (España).

PERROS GALGOS

En el Hospital de Agudos de La Palma hay treinta ancianos octogenarios ya curados a los que les dieron el alta médica hace muchísimos meses –a algunos, incluso, hace más de un año–, pero siguen ocupando una cama hospitalaria porque a sus familiares directos no les sale de los huevos hacerse cargo de ellos, y no quieren llevárselos de nuevo a casa. Es más: a muchos de esos ancianos ya no vienen ni a visitarlos.

Dice la Defensora del Paciente que, para motivar a los familiares, va a poner el caso en manos de la Fiscalía. Yo creo que es un error. La Fiscalía está ahora en cosas más importantes: investigando los gritos soeces de un grupito de universitarios pijos hacia un grupito de universitarias pijas. Y eso es la prioridad nacional.

Tardaríamos mucho menos en solucionar ese enojoso asunto de la tercera edad abandonada si olvidásemos al Fiscal y denunciásemos el caso en el Ministerio de Igualdad, departamento de Legislación Animal, sección de Gallinas Veganas: con que impongan a las familias las astronómicas multas que se aplican ahora por abandonar a un galgo… los hijos se colocarían un cohete en el culo para recoger a sus ancianos.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Futuro galgo.

ADIÓS, QUERIDO JESÚS CANDEL.

Jesús Candel, más conocido como Spiriman, el médico que puso en jaque al cortijo andaluz del Partido Socialista, nos ha dejado para siempre. En primer lugar, vaya mi más sentido pésame a su familia y mi más profundo agradecimiento a Jesús por su heroica defensa del sistema sanitario público.

El hecho de morir no nos convierte de inmediato en más buenos o en más malos de lo que éramos cuando estábamos vivos: todos, incluso aquellos que la Iglesia santifica, tenemos nuestros claroscuros. Pero hay un dicho en este país de envidiosos que se acerca bastante a la verdad: “si quieres oír hablar bien de ti, acude a tu entierro”. Y en estos días, quizá, ocurrirá lo mismo con Jesús Candel.

Jesús Candel ha sido un hombre excesivo en la palabra, desmedido en su pasión por la justicia, intransigente con quien le llevaba la contraria, pero supo ver gigantes donde el resto tan sólo veíamos molinos.

Jesús, nuestro querido Spiriman, fue un Alonso Quijano transformado temporalmente en don Quijote. Y como el genial don Quijote, ganó innumerables batallas, desfizo numerosos entuertos y consiguió que el resto de los andaluces, los comodones Sancho Panza, moviéramos los culos de las sillas para luchar por una sanidad pública más digna, con menos disparates, con menos lagunas y con menos chulería.

Chulería, sí. Chulería de los gestores. Chulería de los políticos. Y desvergüenza. Mucha desvergüenza. Mucho dinero ventilado en putas, en cocaína, en falsos ERES, en administraciones paralelas para enchufar amiguetes, mientras no había presupuesto para contratar profesionales sanitarios, mientras los mejores médicos y enfermeras se nos marchaban de Andalucía hacia donde los quisieran más.

Chulería, sí. Y desvergüenza. Y prepotencia. Contratos basura. Agendas a minuto por paciente. Turnos interminables. Ausencia de sustitutos. Recortes en lo esencial. Amenazas de expedientes. Y, como postre, en Granada, el intento de unificar dos hospitales.

Y como dice la canción cubana, en eso llegó Fidel. Perdón. En eso llegó Candel, o don Quijote, o Spiriman. Que da lo mismo. Llegó Candel y dijo no. Y dijo no desde su puesto de médico interino. Y nos dio una lección al resto de los médicos de España, a los cobardes o acomodaticios que teníamos (y tenemos) la plaza en propiedad.

Nos demostró Jesús Candel que un sistema político corrupto no es en absoluto invencible si existe un movimiento social suficiente dispuesto a luchar por sus derechos, y que con la unidad de todos (pacientes, enfermeras, médicos, celadores, administrativos…) podíamos reconducirlo.

Ése fue el gran ejemplo de Candel, y con eso me quedo yo: con su lección de civismo. Todo lo demás (sus excentricidades, su intransigencia, sus exabruptos…) son las caretas del personaje, no las caras de una persona esencialmente buena, esencialmente noble y esencialmente justa.

Gracias, Jesús Candel, por haber existido. Cuando pasen cien años te seguirán recordando en Granada, en Andalucía, en España entera. Y de los políticos mediocres que te han hecho la vida imposible… no quedará huella alguna. Ésa será tu victoria.

Adiós, Jesús. Que la tierra te sea leve.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico de Andalucía (España).

LAS AUTORIDADES SANITARIAS NUNCA SE ATREVERÁN A INDISPONERSE CON TU VOTO

CONSEJOS MÉDICOS QUE NO DEBERÍA DARTE YO, SINO LAS AUTORIDADES SANITARIAS; PERO QUE TE LOS VOY A DAR YO PORQUE LAS AUTORIDADES SANITARIAS NUNCA SE ATREVERÁN A INDISPONERSE CON TU VOTO.

Me vas a permitir, lector, que exponga unos consejillos para cuando debas consultar a un médico. Y como me gusta tirar de retranca, aquí te dejo, con mucho respeto y cariño, 15 sencillas verdades:

1º: Salvo urgencia o emergencia, es bueno acudir al médico con cita. ¿Se te ocurriría, lector, presentarte en el aeropuerto y exigir que te suban al avión sin haber sacado antes un billete? Y a la consulta de tu médico ¿sí te parece bien?

2º: Llevas razón, lector. Es cierto que hay demora para acceder al médico. Es intolerable que la cita para tu médico de cabecera, o para tu pediatra, tarde siete, diez o quince días. Y es intolerable que la cita a un traumatólogo tarde seis meses. Pero el Departamento de Duelos y Quebrantos, sección de Gritos, no se encuentra en el Centro de Salud. Para expresar tu justificada indignación, acude a los organismos oficiales o al libro de reclamaciones. Ah. Y toma nota a la hora de votar.

3º: Es costumbre iniciar la entrevista clínica contándole al galeno los síntomas que padeces. Comenzar la entrevista por el final, indicándole a tu médico el tratamiento que debe prescribirte o la baja que debe darte, es algo irracional y peligroso. Un ejemplo: si a tu domicilio, lector, acude un técnico para arreglar el aire acondicionado… ¿le vas explicando los pasos a seguir, o le dejas hacer su trabajo? Pues con tu médico, igual.

4º: Decirle al médico que es un cabrón, o un medicucho, o lanzarle un florero a la cabeza, podría descentrarlo un poco. En dicha situación es posible, incluso, que no te atine con el diagnóstico.

5º: Aunque parezca increíble, amigo lector, existen infinidad de enfermedades que un médico puede sospechar, o incluso diagnosticar, tan sólo con lo que tú le cuentas y con la exploración que te hace. Te lo digo buscando tu bien: no siempre hace falta un análisis, o una radiografía, o un TAC, o una resonancia. Por eso afirmaba Marañón que el único instrumento imprescindible para pasar la consulta es una silla.

6º: Los “chequeos” anuales en personas sanas no sirven para nada, salvo para alarmar innecesariamente al paciente con falsos positivos. Hay pocas excepciones a esta regla general: mamografías periódicas, citologías vaginales periódicas, sangre oculta en heces a partir de los 50 años, examen dental anual y algunas otras. Antes de exigir… pregunta.

7º: Las radiografías no son curativas. Si ya sabes que tienes una artrosis de columna, o de cadera, o de rodilla… ¿para qué esa insana insistencia en irradiarte una y otra vez? Créeme, lector: el cáncer que puedes agarrar por irradiarte es mucho más peligroso que la artrosis que padeces.

8º: Las analíticas tampoco son curativas. Hay que hacerlas cuando el médico lo considera necesario. Pero si te hartas a diario de cubatas y cerveza, ¿a qué venir cada dos meses a pedirme una analítica? ¿Para saber el momento exacto en que empieza la cirrosis? ¿Para irte inscribiendo ya en la lista de espera para el trasplante de hígado? Mejor, deja de beber y se acabarán tus preocupaciones.

9º: Los valores de las constantes vitales y de los parámetros clínicos que pedimos en las analíticas no los escoge a capricho cada ciudadano, sino que oscilan en un rango que el médico conoce por su profesión. Ha costado siglos que la ciencia determine esos valores para que ahora vengas tú, querido lector, y “democratices” su uso. ¿Qué es eso de que 37º es fiebre para ti, pues tu temperatura normal es de 34? ¿Qué es eso de que 120/70 es una tensión alta para ti, que siempre tienes 100/50? ¿Qué es eso de que 300 de colesterol es poco para ti, pues lo sueles tener en 400? Si los valores de las constantes vitales fuesen “a la carta” no habría cabeza humana que pudiera abarcar la carrera de medicina.

10º: No, querido lector. Te he dicho mil veces que no hay medicinas útiles para la calvicie. Cuando la cabeza de Julio Iglesias tenga pelos… ven a mi consulta a preguntar.

11º: Lo de las “defensas bajas”, a pesar de lo que digan los anuncios de Actimel, es otra leyenda urbana. Salvo que tengas el SIDA, o estés inmunosuprimido tras un trasplante, o te estén administrando quimioterapia por un cáncer, si te encuentras triste y abatido o si te resfrías varias veces en invierno… seguro que no será por tener “las defensas bajas”. Créeme, lector. Te ahorrarás pinchazos inútiles y muchos gastos en polivitamínicos que no sirven para nada.

12º: Si fumas… toserás, escupirás y te resfriarás muchísimas veces. Eso es un axioma inexorable que ni Jesucristo redivivo te lo va a solucionar. Si fumas, son inútiles los jarabes para la tos y son absurdas las múltiples consultas que me haces para recordarme que no se te quita la tos. Eso sí: tal vez tengas los pulmones tan destrozados que necesites un tratamiento para la EPOC. Céntrate en eso y en dejar de fumar.

13º: “La tiroides” no engorda, ni tampoco engorda “el cambio de metabolismo”. En el 99% de los casos lo que engorda son las aceitunitas que picoteas, la Coca-Cola que paladeas, la cervecita que bebes, los helados que te zampas, los quesos y las morcillas que engulles, los ataques nocturnos a la nevera y la falta de ejercicio físico. ¿No has notado, lector, que en Somalia y en Etiopía no hay obesos? Pues bien: allí también hay cambios de metabolismo y problemas de tiroides. Lo que no hay es comida.

14º: Querida adolescente: si acabas de echar un polvete y aún tienes las piernas temblando, no hace falta que consultes en Urgencias para hacerte “la prueba del embarazo”. Más bien, digo yo, pide la píldora postcoital en una farmacia o, mejor aún, utiliza siempre un método anticonceptivo seguro y continuado.

15º: Un último favor, lector: si ya te ha diagnosticado el panadero… ahórrate el viaje a mi consulta para una segunda opinión. Házsela al frutero de la esquina. Y si ya te has diagnosticado tú a través de Google y de Yahoo!, ahórrate venir a mi consulta para una segunda opinión. Házsela a TikTok.

Y recuerda, amigo mío, que los dos únicos ingredientes obligatorios para que la relación entre el médico y el enfermo sea satisfactoria son la confianza mutua y el respeto mutuo. Ni más, ni menos.

Siempre a tu servicio.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

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