BANNER PEDROA IZONA contratesupublicidad

Log in

BOCACIÓN VIENE DE BOCA

Destacado BOCACIÓN VIENE DE BOCA

Los albañiles de hoy no son como los de antes. Ahora son demasiado exigentes, muy señoritos: quieren andamios seguros, trabajar siempre con casco y amarrarse con arneses. Y si no, les da ansiedad. Qué cabrones. Los albañiles de antes sí que eran vocacionales: andaban sobre una viga a trecientos metros del suelo. Y sin atarse. Y qué decir de los mineros de ahora, los hijos de la gran Bretaña. Menudos tiquismiquis sin vocación. Antes de bajar a la mina quieren saber con certeza que no hay fugas de grisú, como si no fuese suficiente llevar un canario enjaulado. Y si no, les da ansiedad. Cagoensanpitopato. Los mineros antiguos sí que eran vocacionales: usaban el pico y la pala en lugar de dragalinas, y llevaban un canario para avisar del grisú. Cagoenmivida. ¡Qué entrega y amor al trabajo! Todo por la minería. Vocacionales ellos. Unos héroes.

Hola lector. Hola lectora. Si lo que acabo de escribir lo hubiese dicho de veras, me correrían a gorrazos. Y con toda la razón. Porque claro, identificar vocación con temeridad y con aceptar unas malas condiciones laborales es impensable si nos referimos a albañiles, fontaneros, mineros o concejales de urbanismo. Otra cosa es el personal sanitario. Ahí, sí. Ahí cabe tirar de la vocación para justificar desmanes.

El artículo de hoy lo he escrito por dos razones: la primera, porque me sale del Nabucodonosor; y la segunda, porque me ha puesto de los nervios un artículo publicado en redes sociales en la página de “Cadena Ser” y firmado por una periodista. Comienza así:

<<A Carmen, un ataque de ansiedad en una guardia del Centro de Salud durante su primer año como MIR, le hizo ver su futuro de otra manera. No era lo que ella esperaba. No le compensaba los años de estudio, de sacrificio, de ser la mejor para poder llegar a lo alto. La vocación, o la que ella creía que era su vocación, no fue suficiente para soportar lo que vio en ese Centro de Salud: la enorme presión asistencial, la falta de tiempo, la sensación de no hacer bien su trabajo (…). Los estudiantes de Bachillerato que este año consiguieron entrar en la Facultad de Medicina tuvieron que superar un 13,45 de nota de corte. Llegan los mejores, los más brillantes, los que más se esforzaron, los cerebritos con las mejores notas, pero eso no significa que tengan vocación de médico (…). ¿Cómo se mide la vocación? O dicho de otra manera: ¿qué estás dispuesto a dar por tu vocación? Las generaciones anteriores tenían otro enfoque distinto sobre lo vocacional: todo por la medicina. Pero ahora no es así>>.

Claro, claro, claro. Menuda hijadeputa la tal Carmen, la del ataque de ansiedad. Mira que no ser médico vocacional. Mira que no poder soportar la falta de tiempo para atender al paciente, la masificación asistencial, la sensación de no hacer bien su trabajo. Mira que no comportarse como los dinosaurios anteriores (yo incluido): tragar con todo a base de vocación. Mira que no andar sobre una viga a trecientos metros del suelo, y sin amarrarse. Mira que no llevar un canario para oler el gas grisú. Cago en la tal Carmen. Qué exquisita me ha salido. Y qué exigente. La pobre pide más tiempo, como el albañil pide un casco. A quién se le ocurre. Menuda pachorra tiene la Carmen. Menuda falta de vocación. Hala, hala, Carmen. A tomar viento.

En fin. No digo más, porque me llevan los demonios. Pero bueno, la solución está clara: hay que bajar la nota de corte para acceder a la Facultad de Medicina. Que en lugar de entrar los cerebritos con 13,45 puntos en el expediente, entren los de 0,5 puntos. Esos, sí. Esos tendrán vocación verdadera, vocación de que te contraten por semanas o por días, de que te masifiquen la consulta, de que ignoren tus reclamaciones; vocación de no hacer bien tu trabajo, de soportar las guardias de 24 horas sin cotizar a la Seguridad Social, de bajar a la mina con un canario, de que te insulten los pacientes. Eso sí que es vocación, y lo demás es tontería.

Porque no nos engañemos: la vocación es necesaria en todas las profesiones; pero no puede ser una excusa para aceptar lo inaceptable, ni un látigo para explotar a la gente. Y eso vale para albañiles, mineros, enfermeras, fontaneros, médicos, conductores de autobús y concejales de urbanismo.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

Modificado por última vez enLunes, 22 Enero 2024 10:43
Inicia sesión para enviar comentarios

Madrid

supublicidad aqui