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Somos iguales

Destacado Somos iguales

El juzgado en el que estoy sirviendo en la actualidad comparte pasillo central con los juzgados de instrucción 1 y 2 y también con el juzgado de primera instancia nº 2. Esta convergencia espacial me permite comprobar diariamente cómo los usuarios de los órganos de instrucción siguen siendo (en su mayoría) los mismos que hace ocho años cuando empecé en esto… El delincuente tipo en España es un hombre, de entre 25 y 45 años, de extracción social baja o media-baja, con un nivel pobre de estudios y una situación económica precaria. La tipología delictual básica, la de siempre: delitos contra el patrimonio, tráfico de drogas, lesiones… Estos clientes (muchos habituales) de la Justicia al principio me despertaban temor, luego respeto, y con el paso de este tiempo…pena. No justifico nada, ni creo en esas bobadas de “el problema es el sistema”, ni nada parecido, pero sí que opino que dependiendo dónde nazcas y cuál sea tu proceso de socialización la relación con el delito puede ser más o menos intensa. Estos investigados recurrentes, condenados reincidentes, no conocerán en su gran mayoría la gracia del indulto. Para ellos nadie legislará de urgencia. No habrá pactos políticos de legislatura en su beneficio. Ni siquiera se llamará por teléfono en su favor a la junta de tratamiento. Simplemente, serán condenados y cumplirán su pena. Sin más. Sin favores de nadie porque lo cierto y real es que no le importan a (casi) nadie. En esos pasillos hay vidas ingratas, muchos errores y dolor (el propio y, por supuesto, el de las víctimas). Al fin, dolor y delito empiezan con la misma letra. Lo que más me repugna de la reforma penal de la sedición y la malversación es que es legislación sancionadora (favorable) a la carta para unos pocos que nada tienen que ver con los demás. Y eso quiebra la noción elemental del Estado de Derecho: que todos somos «uno» y que la ley es igual para todos. Cuando muchas mañanas les sigo viendo sentados esperar a su abogado antes de la declaración para la que están citados les sigo preguntando lo mismo: “¿Está Ud. atendido?”. Esa pregunta y su respuesta ordinaria (“Sí, señor; muchas gracias”) me reconcilia con mis convicciones. Somos iguales.

Modificado por última vez enMartes, 13 Diciembre 2022 08:46
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Madrid

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