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SANIDAD, SANIDAD, SANIDAD.

Destacado SANIDAD, SANIDAD, SANIDAD.

Que durante una pandemia mortal hayamos tenido que atender a muchísimos pacientes por teléfono entra dentro de la lógica, aunque no de lo deseable.

En aquellos años de “sanidad guerrera” (2020-2021), y hasta que las vacunas contra el COVID cambiaron el panorama, no eran convenientes las aglomeraciones en las salas de espera, ni que las personas acudiesen a los Centros de Salud por motivos meramente administrativos.

Todavía hoy, finales de 2022, la consulta telefónica es positiva para renovar recetas, emitir partes de confirmación, dar el resultado de una analítica o llevar a cabo los muchísimos y absurdos actos burocráticos que nos consumen horas de trabajo y asolan la Atención Primaria.

Pero convertir la consulta telefónica (una útil herramienta secundaria) en un sucedáneo permanente de la consulta presencial es un disparate propio de burócratas, de gentecilla que no sabe lo que de verdad acontece en la relación entre médico y paciente.

Los médicos y las enfermeras, para las consultas clínicas, necesitamos ver al paciente, observar su gestualidad, oír en directo sus quejas, tocar sus barrigas, auscultarlos, e incluso olerlos. Como decía Marañón “entre médico y paciente lo único imprescindible es una silla”. Y si esto es así en una consulta normal, no te quiero ni decir en una consulta de Urgencias.

Poner las Urgencias Extrahospitalarias en las exclusivas manos de las enfermeras es una temeridad que las deja a ellas a los pies de los caballos. Y atender urgencias por teléfono, o por videoconferencia, sin explorar al paciente y sin realizar las pruebas complementarias que precise el caso, deja a los médicos a los pies de la Justicia, y a los pacientes a los pies del sepulturero. Por eso, bienvenidas sean las protestas de pacientes y profesionales allá donde se produzcan.

Madrid es sólo un escaparate de lo que está aconteciendo en toda España desde hace tres décadas, y bajo todas las siglas políticas: se abren Centros de Salud que no se rellenan con sanitarios; se abren puntos de urgencia sin profesionales suficientes; y se abren consultorios rurales sin pediatras. Mucho ladrillo y poco personal. La cosa es inaugurar algo. Cortar lacitos, hacerse la foto y salir corriendo hacia el despacho. Que arree el que venga.

Las mareas sanitarias de 2017 y 2018 le costaron el puesto a la corrupta administración socialista andaluza. Yo aporté mi granito de arena desde este muro de Facebook, cosa de la que me alegro. Y ahora, no me extrañaría que sucediesen cosas parecidas en Madrid, Asturias, Cantabria, y en el resto de España. Porque cuando los sanitarios y los pacientes nos unimos, somos una fuerza invencible. Recordemos el ejemplo de Jesús Candel.

Dejen ya de poner parches, señores políticos y señores gestores. La sanidad es una piscina agrietada por la que se escapa el agua. Y la solución no consiste en echar más agua a la piscina, sino en tapar la grieta. Por más que abran ustedes las Facultades de Medicina, o el MIR, para que acaben más médicos…dará exactamente igual: se fugarán, como se fuga el agua de la piscina, hacia donde los traten mejor, hacia donde no los insulten, hacia donde no les agredan, hacia donde les paguen más y les hagan contratos estables.

Pueden ustedes “fabricar” más médicos y más enfermeras, como se lanza más agua a una piscina con grietas. Pueden “fabricarlos” como churros. Será inútil. Gastaremos el dinero de la Universidad (dinero público) en formar magníficos profesionales para que los disfruten en Islandia, Alemania, Portugal, Dinamarca o Suecia.

Tapen mejor la grieta, estúpidos. Tápenla de una vez.

Estamos casi a la cola de Europa en gasto sanitario por habitante. Pero hay dinero sobrado para chiringuitos múltiples, para chorradas diversas, para ocurrencias estrambóticas, para comprar voluntades, para fastos y festejos, para inútiles asesores, para asesores de los asesores, para asesores de los asesores de los asesores, y para una insoportable cleptocracia que dinamita el país. Sólo con lo defraudado por la Güterl y los ERE, estarían ahora en España todos los profesionales sanitarios que se han tenido que marchar al extranjero.

¡Ánimo, compañeros madrileños! ¡Ánimo, compañeros de Cantabria, de Asturias, de Murcia, de Aragón, de Andalucía, de Canarias…! ¡Ánimo, compañeros de España! ¡A por todas, caiga quien caiga! ¡Por nosotros, por nuestra profesión, por la sanidad pública y por nuestros pacientes!

¡Ánimo, compañeros!

¡Tapemos la grieta de la piscina! ¡Tapemos la grieta! ¡Tapemos la grieta!

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico de Andalucía (España).

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