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Subsidiaridad

  • Escrito por Rubén López

            “La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza. La socialización presenta también peligros. Unasubsidiariedad intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiaridad. Según este, una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común.

            Por bien común, es preciso entender el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. Supone, el respeto a la persona en cuanto tal, el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo y finalmente la paz, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. La realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política. Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de los ciudadanos y de las instituciones intermedias. La unidad de la familia humana, implica un bien común universal. Este requiere una organización de la comunidad de naciones capaz de proveer a las diferentes necesidades, tanto en los campos de la vida social, a los que pertenecen la alimentación, la salud, la educación, etc., como socorrer a los refugiados dispersos por todo el mundo o también ayudar a los emigrantes y a sus familias. El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas. El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario.

            La participación es el compromiso voluntario y generoso de la persona en los intercambios sociales. Es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común. Este deber es inherente a la dignidad de la persona humana.

            Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública. La justicia social sólo puede ser conseguida sobre la base del respeto de la dignidad trascendente del hombre. El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad. El principio de solidaridad, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Los problemas socio-económicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad. La solidaridad internacional es una exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella.

            La sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada uno conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación”. Doctrina católica, edición conforme al texto latino oficial de 1997.

                                                                                   Rubén López

           

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