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El movimiento continuo

  • Escrito por Angel Luis Cancela Zapatero

 

Majestad, señores ministros y autoridades, señores ingenieros y demás asistentes. mvto

Es una curiosa sensación patriótica, ese orgullo de formar parte de una patria, de una parte, de la humanidad que se ha distinguido por hacer el bruto de una forma tan especial y generosa.

 Un trozo de este planeta, lugar de cruzadas, lugar de cruces de ideales diferentes, bañados con sangre, regados con sueños de unir a la humanidad en una forma mejor de ser. Cristiana o musulmana, cooperadora o competitiva. Local o universal.

  Tengo el orgullo de presentarles el resultado de un trabajo esforzado de muchos años, en el que el principal obstáculo ha sido la prepotencia de los sacristanes de la ciencia, de los titulados científicos, por saberse de memoria la solución de los problemas, como ya los solucionaron antes.

 Los sacristanes de la ciencia son los que creen saber, como un dogma de la inquisición, donde está el imposible de la realidad.  Fruto de una enseñanza de castigo, de suspenso, de impedir seguir sin aceptar la sumisión a lo inexplicado. 

Les presento ni más ni menos que el movimiento continuo. Y algo más, mucho más. Les presento a la nueva humanidad disponiendo de energía inagotable, de una potencia infinita, completamente limpia, capaz de permitir a la humanidad controlar las causas y los efectos del cambio climático. Capaz de limpiar el viento y los océanos. Capaz de fabricar oro y diamantes en tanta abundancia como se quiera, capaz de regar los desiertos y convertir en potable el agua de los mares.

  Es una máquina, relativamente compleja, que lo que hace es algo tan sencillo como cambiar de dirección a la energía de la gravedad, de vertical a circular.

La gravedad, la energía gravitatoria, con la que convivimos y con la que peleamos desde la infancia, para poder vivir, para poder levantarnos y desplazarnos, para poder movernos.

La energía invisible y familiar que no nos asusta, pero que es capaz de capturar un meteorito, un simple trozo de piedra y acelerarle de tal forma que termine con todas las especies vivas del planeta en unos pocos días.

La energía que se acelera a 9,8 metros por segundo al cuadrado.

¿Dónde podía haber una energía tan impresionante como esta?

Tan abundante que ni siquiera la tenemos en cuenta.

Para dibujar el entorno en el que vamos a trabajar con la máquina, lo primero a tener en cuenta es la inmensidad de energía que implica ese concepto de “al cuadrado” de la gravedad, y la comprensión de los números críticos.

El número uno al cuadrado no se separa de su valor en ninguna cantidad, pero el número diez ya se separa noventa números de su valor original.

El número cien al cuadrado ya se separa nueve mil novecientos números de su valor original.

El número mil ya se separa novecientos noventa y nueve mil números de su valor original.

Y el millón, está tan lejos de los novecientos noventa y nueve mil millones, que parece imposible.

También lo sabíamos todos, pero da vértigo asomarse a estas cifras de algo tan casero, de andar por casa como es la gravedad.  

La idea del número crítico es la de que algo no funciona haciendo lo mismo, aparentemente lo mismo. Calentamos el agua, la ponemos al fuego, pero hasta que no lleva suficiente tiempo y calor como para que alcance los cien grados no cuece.

Y, si lo que calentamos es el hierro, no se derrite hasta que no llega a los mil cuatrocientos grados.

En estos casos todos los impacientes gritan ¿ves cómo es imposible? ¿ves como no funciona? 

La máquina también tiene números críticos, de forma que hay miles de formas de que no funcione. Y tiene grandes fuerzas y tensiones de forma que hasta que la humanidad no ha dispuesto de materiales tan resistentes como los actuales, no podía hacerse.

Y, sin generadores eléctricos, tampoco tendría apenas utilidad.

La máquina lo que hace es elevar un peso, un objeto pesado, simple, un depósito de agua, unos bloques de hormigón, a través de una polea, a una altura determinada.

Así que ya nos encontramos, por ejemplo, con unos bloques de hormigón, atados entre sí, o sobre un palé, que pesan 350 kilos a cinco metros y medio de altura.

Se muevan o no se muevan están queriendo bajar, tiene una energía potencial, dispuesta para ser empleada.

Y esta misma energía es la que vamos a necesitar para rearmar la máquina. Más sus rozamientos de todo tipo. 

Nuestros 350 kilos de hormigón, a los que en adelante vamos a llamar peso motor, están atados a una cinta, a cinco metros y medio metros de altura, y transmiten por la cinta y la polea esa fuerza en todos los puntos de la cinta.

La punta de la cinta la atamos, con un mosquetón, a la punta de una barra de veinticinco centímetros soldada a un eje de tres centímetros.

(Por supuesto, el eje está entre rodamientos, que, a su vez, están sujetos a una estructura de hierro anclado a un suelo de hormigón con una potencia mucho mayor que la del peso motor, para que no se caiga todo)

Cuando tensemos la cinta, y dejemos que caiga el peso, la barra de veinticinco centímetros, le va a transmitir al eje una fuerza de torsión, en forma de palanca de 25 centímetros contra el radio contrario de 1,5 centímetros, es decir va a multiplicar los 350 kilos por 16,66 veces, lo que supone que disponemos de 5.833 kilos de fuerza de torsión del eje.

En el cuarto de vuelta siguiente del eje de tres centímetros, al que ya vamos a llamar eje motor, le soldamos otra barra de 50 cm, que va a suponer una palanca de 33,33 veces su fuerza, es decir 11.666 kilos.

En el cuarto de vuelta siguiente, le soldamos otra barra de 1 metro, o 100 cm, 66,66 veces su fuerza, 23.333 kilos.

Y en el cuarto de vuelta, una barra de un metro y medio, lo que implica 100 veces su fuerza, y 35.000 kilos.

Entre barra y barra, unos soportes de madera, capaces de transmitir la forma de espiral, que transmita la fuerza, con un radio de palanca menor, cada centímetro, cada milímetro.

De forma que, entre la palanca inicial de 150 cm, a la de 25 cm, se produzcan 1.250 palancas secuenciales de un milímetro de distancia entre ellas.

Luego, al mismo eje motor, y pegado a las propias barras de palancas, le soldamos una rueda dentada, que por medio de una cadena se haga solidario con otro plato dentado veinte veces inferior, y este plato está soldado a otro eje, que tiene otro plato dentado, veinte veces mayor que otro plato dentado veinte veces menor, soldado a su vez a otro eje donde está soldado el volente de inercia.

Cada eje con sus rodamientos de última generación, y dentro de las estructuras suficientes.

De forma que, en la multiplicación de veinte por veinte, la relación de vueltas, resulta de cuatrocientas vueltas por vuelta.

Cada vuelta que da el eje motor da cuatrocientas vueltas el eje del volante.

El volante de inercia, con un peso de cien kilos, y una circunferencia de 8,16 metros, que da cuatrocientas vueltas, por cada vuelta completa que da el eje motor, recorre, en una única vuelta tres kilómetros doscientos sesenta y cuatro metros.

Pero no recorre esos tres kilómetros a una velocidad uniforme, porque habríamos gastado mucha energía de forma inútil en ese trabajo, sino que lo recorre acelerando continuamente como es propio de la gravedad, acelerando al cuadrado, en la aplicación de las 1.250 palancas de los 1.250 radios distintos que va a recorrer la cinta de la que tira el peso motor, y en armonía con las mil doscientas cincuenta veces en las que el volante de inercia ha obtenido una inercia mayor y un rozamiento menor, y acepta una nueva aceleración con un aporte de energía menor.. .

Lo que nos permite la reducción de la palanca, usar el radio menor que expresa la espiral, y alcanzar la velocidad máxima acumulable.

Una vez obtenida la máxima aceleración, en un tiempo previsible menor del minuto, el eje motor, que estará conectado a un generador, se pondrá en marcha y convertirá en electricidad toda la energía mecánica de ese volante de inercia de cien kilos a la velocidad obtenida, que superará en cien veces o más la energía potencial.

Y se rearma la máquina usando una o dos veces esa energía potencial resultante, con lo que el excedente al menos será del 9.800 por cien.

Las claves fundamentales son los números críticos de la velocidad al cuadrado que transmite la energía de la gravedad, que es la que canalizamos.

En el prototipo anterior, en el que trabajamos con una altura de 1,38 cm del peso motor, un volante de inercia de 40 kilos y 3,1416 metros de circunferencia, y unas palancas en espiral de entre 50 y 80 cm, y una multiplicación entre ejes de uno a trescientos, los resultados de tiempo, en dieciséis partes del giro del eje motor, de 58,8 metros cada uno, fueron los siguientes:

Catorce, siete, tres, tres con seis, dos, y uno con veintiocho segundos. 

Esta mejor medida de 58,8 metros en uno con veintiocho segundos segundo, implica una velocidad de 45,93 metros por segundo.

Aplicando la fórmula de equivalencia de altura de esa potencia del volante a esa velocidad en relación con su energía potencial, de:  masa por velocidad al cuadrado, en metros por segundo, dividida por masa por cuatro por nueve con ocho de la gravedad, obtenemos

(40x45,93x45,93) :  (350x4x9,8) = 84.396 : 13.720 = 6,15

Lo que implica una equivalencia de altura de 6,15 metros del peso motor, que empezó solamente a 1,38 cm. 

Lo que implica un excedente de tres veces su energía potencial. (6,15:1,38=4,45)

Nuestra hipótesis de que, con las medidas propuestas para el siguiente prototipo, vamos a superar un excedente de cien veces su energía potencial, se justifica en las proporciones con los cuadrados de la velocidad obtenida, por cada centímetro de circunferencia del volante de inercia. Por la mayor altura inicial del peso motor, y la mayor velocidad de transmisión. 

Aceleramos cien veces más a un volante de una circunferencia mayor del doble, que vamos a multiplicar al cuadrado, y con más del doble de potencia.

Cuando, con alcanzar solamente la misma velocidad del eje motor, que ya alcanzamos en el anterior prototipo ya tendríamos un recorrido de una dieciseisava parte de (8,16x400) 3.267 metros, que son 204 metros, en 1,28 segundos, que implican 159 metros por segundo.

Y aplicando la misma fórmula de equivalencia de altura:

(90x159,53x159,53): (350x4x9,8)= 2.290.546:13.720= 166,94 m

Ciento sesenta y seis veces la energía potencial  

Cada dos minutos. Siempre. Gratis. Limpia. En cualquier lugar. De cualquier tamaño.

Pero realmente, la velocidad va a resultar mucho mayor.

No podemos seguir teniendo nuestras ciudades contaminadas, y nuestros vecinos pasando frío teniendo esta tecnología sin desarrollar.

Angel Luis Cancela Zapatero

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