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Juan Manuel Jimenez Muñoz

Juan Manuel Jimenez Muñoz

80 DÍAS QUE CAMBIARON EL MUNDO.

Siéntate, lector, y ponte cómodo. Mi artículo de hoy es largo. Te lo advierto de antemano por si no te agrada leer. Pero si te atreves, te gustará. Guárdalo como oro en paño: la memoria nos hace jugarretas y, tal vez, en unas décadas, necesites contarlo a tus nietos.

27 de diciembre de 2019:

La doctora Jixian, médica de la República Popular China, avisa por Wasap a siete colegas chinos de que en los últimos días está atendiendo en Wuhan “a muchos pacientes con extrañas neumonías bilaterales”. Incluso les envía fotos de las autopsias. El oftalmólogo Li Wenliang, que ha recibido ese mensaje confidencial de su colega, lo reenvía por Wasap a un centenar de médicos de su Universidad, pidiéndoles que tomen precauciones.

3 de enero de 2020:

La policía política china detiene al oftalmólogo Li Wenliang y lo acusa de difundir rumores falsos, un delito penado con hasta siete años de prisión. Antes de ser liberado, Li Wenliang es obligado por sus captores a firmar la denominada “carta de reprimenda”: retractarse de sus afirmaciones y prometer, bajo amenaza, que no alentará más el tema del “falso virus”. La “carta de reprimenda” finalizaba así: "Te lo advertimos seriamente, camarada: si sigues obstinado con tal impertinencia y continúas con esa actividad ilegal, serás llevado ante la Justicia del Pueblo. ¿Lo entiendes, camarada?"

31 de enero de 2020:

Caos en China por el COVID. Ya hay casos también en Corea del Sur, Italia e Irán. En España se declara el primer enfermo de COVID: fue en Canarias, y era un caso importado. La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) declara oficialmente la situación del COVID, a nivel planetario, como una “Emergencia Sanitaria Internacional”.

6 de febrero de 2020:

China sigue sumida en el caos. Ese día, arden de indignación las redes sociales chinas: acaba de fallecer de COVID el oftalmólogo Li Wenliang, alias “el reprendido”, el primero en alertar públicamente del problema. El Partido Comunista Chino corta Internet.

13 de febrero de 2020:

El previsto Congreso Internacional de Telefonía Móvil de Barcelona anuncia su aplazamiento por miedo a la COVID. Ada Colau, Pedro Sánchez y sus ministros afirman ante la prensa que “la decisión no responde a razones de Salud Pública”. Sin embargo, ahora sabemos por boca de la ministra Yolanda Díaz que ella sí había puesto en marcha un "plan de choque laboral “ante la "grave perspectiva de que el virus, desde Italia, llegase a España”. Un plan que, también según la ministra, fue ignorado por el resto del Gabinete tachándola de alarmista.

26 de febrero de 2020:

Primer caso autóctono de coronavirus en España (Sevilla). Pedro Sánchez afirma ante la prensa que “estamos bien preparados para recibir al virus”. Fernando Simón, portavoz sanitario del Gobierno, corea con su jefe que “en España no se esperan más de dos o tres casos de COVID”. El “estamos bien preparados” de Sánchez incluía bolsas de la basura como trajes protectores, una mascarilla quirúrgica cada semana, ausencia total de EPIS y carencia de test de antígenos.

3 de marzo de 2020:

Asia y parte de Europa, desbordadas por el COVID. En España, ese día, se declara oficialmente el primer fallecido por COVID (Valencia). El Gobierno español, obviando el virus y la alerta de la O.M.S., centra sus esfuerzos en el problema más grave de España: el heteropatriarcado opresor. Por ello, alienta las manifestaciones feministas programadas para cinco días después. Y así, al mantener las manifestaciones feministas en la agenda, no le queda otro remedio que permitir también los toros, el fútbol y la reunión de VOX en Vistalegre, con un Ortega Smith “acatarrado”.

4 de marzo de 2020:

Ya hay 228 casos oficiales de coronavirus y dos fallecidos en España. El Gobierno emite un mensaje de condolencia a los familiares y anima a salir a la calle el 8M “porque sin feminismo no hay futuro” y porque “en el feminismo nos va la vida”, y porque "el machismo mata más que el virus". Mi artículo de Facebook sobre este asunto, en ese día, incide en la conveniencia de NO celebrar manifestaciones en España. Decía así:

<<Temiendo al coronavirus, el Ministerio de Sanidad ha prohibido las aglomeraciones en los Centros de Salud, en los Hospitales, en los eventos deportivos, en las Ferias de Comercio, en los Congresos Médicos, en los besamanos religiosos y en las procesiones de Semana Santa. Pero no hay problema para el próximo 8 de marzo. Irene Montero, aunque muramos todos, tendrá su fiesta de pijamas. Y ni el coronavirus impedirá que el próximo 8 de marzo estas activistas moradas se citen en las plazas de España y, al unánime grito de “sola y borracha yo quiero llegar a casa”, pidan el fin del heteropatriarcado opresor y el fusilamiento del cromosoma Y>>.

5 de marzo de 2020:

El Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas, en plena parálisis por el análisis, siguen sin establecer un protocolo médico-asistencial para el COVID. Silencio oficial absoluto: se está gestando la “cogobernanza del COVID”, que en lenguaje más sencillo significa “echarle el muerto al otro”.

7 de marzo de 2020:

Ya hay en España 430 casos oficiales de coronavirus y 10 fallecidos. El Partido Sanchista y Unidas Podemos, sin importarles nada la debacle mundial, afirman en las redes sociales que “mañana, 8M, hay que llenar las calles”. Y el Ministerio de Sanidad, por boca de su desnortado gafe Fernando Simón, afirma que “el brote de la COVID está bajo control”, y que deja “al criterio de cada cuál” su asistencia a la manifestación feminista de mañana.

8 de marzo de 2020:

Se celebran en toda España grandes manifestaciones feministas: cientos de miles de personas (ministras incluidas, pero llevando guantes protectores) salen a la calle a corear las consignas del Ministerio de Igual Da. También VOX, por su cuenta, desoye la opinión de muchos de sus militantes y celebra una reunión de nueve mil personas en Vistalegre, donde un mustio Ortega Smith, sonándose los mocos, va dando la mano a los asistentes. Los toros, los partidos de fútbol y otros eventos deportivos multitudinarios siguen sin ser prohibidos por el Gobierno. No pueden hacerlo: tendrían que suspender la fiesta de pijamas de Irene Nomentero, y eso sería una catástrofe para el antiheteropatriarcado opresor y las gallinas veganas.

9 de marzo de 2020:

Misteriosamente, todo cambia al día siguiente de la imprescindible manifestación del 8M. Su Sanchidad, en una solemne intervención en Radiotelevisión Espantosa, con mala cara y ojeras, afirma el 9 de marzo que “tiene nuevos datos desde la noche anterior”, y que “se van a estudiar nuevas medidas contra el coronavirus”. Tócate los huevos, moreno.

11 de marzo de 2020:

Irene Nomentero y medio Ministerio de Igual Da aparecen contagiados, contagiadas y contagiades tras el festival callejero del 8M. También dan positivos la esposa de Pedro Sánchez, la ministra Carmen Calvo y muchos otros cargos y cargas del Gobierno, que habían luchado a brazo partido en las calles por la victoria del feminismo. Tan es así, que Unidas Podemos se dirige al registro de partidos políticos para cambiar su nombre por el de Unidas Tosemos. Asimismo, hay muchos positivos entre los simpatizantes de VOX reunidos en Vistalegre.

12 de marzo de 2020:

El Gobierno, a buenas horas mangas verdes, reconoce que la situación en España es grave, y que hará caso a la resolución del 31 de enero de la O.M.S., y que “tomará medidas contundentes con un Estado de Alarma a partir del día 15” (sic). En mi artículo de Facebook, ese 12 de marzo, yo decía esto:

<<¡Quién lo iba imaginar! ¡Quién lo iba a suponer! ¡A quién se le iba a ocurrir! Era, verdaderamente, algo que a nadie sensato se le podía pasar por la cabeza. Si a principios de marzo un virus corría como la pólvora por España, y ya había jodido a Italia, a Corea, a Irán y a China, era impensable que cientos de multitudinarias manifestaciones por toda la geografía pudieran tener efecto alguno en la propagación del virus. Una ensoberbecida Ministra de Igualdad, recién pisada la moqueta y con muchas ganas de apuntarse un tanto, convocaba a los españoles y a las españolas, a los inscritos y a las inscritas, para salir felizmente a la calle el domingo 8 de marzo. Y así fue. Cientos de miles de personas salieron jubilosas a gritar consignas feministas, a estrecharse las manos, a besarse en las mejillas o en la boca y a sostener entre todas las mismas pancartas. ¡Quién lo iba imaginar! ¡Quién lo iba a suponer! ¡A quién se le iba a ocurrir! Era ése un escenario sin repercusión posible en la cadena del virus, en su transmisión humana. Era impensable que tal cosa supusiera un peligro de aceleración de la epidemia. Ni las mentes más brillantes, ni los epidemiólogos más listos, ni Albert Einstein redivivo, hubiesen caído en la cuenta. Ahora, tras el dislate, el Gobierno, por fin, va a decretar el Estado de Alarma. Eso de que varios enfermeros con trajes espaciales hayan entrado al chalé de Galapagar para tomar muestras orofaríngeas a don Pablo Iglesias y a doña Irene Nomentero ha debido de alarmar a los políticos. De ahí, el Estado de Alarma. Una alarma que no existía entonces, el pasado 8 de marzo. Casi anteayer. Y no había alarma por una sola razón: por no alarmar>>.

15 de marzo de 2020:

El Consejo de Ministros declara el “Estado de Alarma”, una medida que ahora (por sentencia del Constitucional) sabemos que no fue la correcta: al parecer se quedaron cortos, ya que se hubiese necesitado un Estado de Excepción para restringir las libertades.

Bien, lector. Hasta aquí lo sucedido en esos primeros 80 días de 2020 que cambiaron España y el mundo. Fueron 80 días que podríamos resumir en una sola frase: la Política, en su aspecto más ruin y miserable, primó sobre la Salud. Fueron semanas, y luego meses, en que los profesionales sanitarios nos “protegíamos” del virus con bolsas de la basura y mascarillas caducadas. Y fueron también unos días donde no había test de PCR para nadie, salvo si te apellidabas Casado, Sánchez, Rufián, Echenique, Iglesias o Nomentero. Y fueron también unos días donde la élite de la izquierda progresista-feminista-antifascista que se había contagiado el 8M se olvidó de su tan querida Sanidad Pública (véanse los llantos de Almodóvar) y buscó atención sanitaria en la Clínica más selecta de Madrid: en la Ruber. De hecho, a esa clínica la llegaron a llamar Ruberlingrado.

Denunciar entonces esas cosas en Facebook tuvo, en mi caso, un fuerte coste personal: insultos en redes sociales, anónimas amenazas de muerte, acusaciones de estar “contra el Gobierno”, acusaciones de “machismo”, acusaciones de “fascista”, burlas de “se te ve el plumero”, mofas llamándome “capitán a posteriori”, e incluso el enfriamiento de dos o tres amistades que yo creía sólidas, de ésas que se arrastran desde la niñez pero que la política corrompe. Y las excusas más frecuentes del Gobierno siempre eran éstas: “nadie lo podía saber” y “vamos haciendo lo que nos dice un Comité de Expertos”. Luego se supo que era mentira, que jamás existió el tan mentado Comité de Expertos.

Bien. Pues hoy, 1 de febrero de 2023, justo tres años después, ya se sabe casi todo. Pero que no se nos olvide nunca. Los muertos por COVID tenían nombres y apellidos. Y España, aunque con buena “memoria histórica”, es un país de malísima “memoria personal”. Sobre todo, si el cadáver no yace en una cuneta.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

EL PLUMERO

Algunos tertulianos acaban sus comentarios a mis artículos de Facebook con la manida frase de “se te ve el plumero”. Eso merece respuesta.

Dice la Real Academia de la Lengua que “mostrar el plumero” significa <<que se notan a las claras las verdaderas intenciones de alguien que pretende engañarnos>>. Es decir: que, según esa definición, yo escribo en Facebook una cosa pero en realidad pretendo decir la contraria; y además de falso soy estúpido, pues me pillan en la mentira. Pues verás, lector: no es así. Yo soy más simple que la tabla del uno. Más simple que el mecanismo de un chupete. ¿Cómo te lo explicaría para que me entendieras? A ver. Tú, lector, con esa agudeza que te caracteriza, crees haber descubierto “que se me ve el plumero”. En otras palabras, que con mi ironía y mis chascarrillos ataco disimuladamente a los cuatro sociópatas que, coaligados en un Frente Popular, mandan ahora en España: Sánchez, Iglesias, Junqueras y Otegi. Pues te equivocas, lector: no los ataco con disimulo. Los ataco a las claras y con toda mi artillería: con toda la irreverencia de que soy capaz sin caer en el insulto. Y mucho más que se merecen estos cuatro jinetes del Apocalipsis, estos cuatro caballos de Bonanza, estas cuatro plagas que nos han tocado en suerte, lo más venenoso para España desde el rey Fernando Séptimo.

Por lo tanto, lector, no es que hayas descubierto tú la punta de mi plumero: me he descubierto yo. Porque cualquier ciudadano responsable y con una herramienta poderosa (no me refiero a mi falo, sino a mi escritura adictiva) tiene la obligación de evitar que Sánchez nos convierta en súbditos de Sánchez; y tiene la obligación de evitar que Iglesias nos convierta en súbditos de Maduro; y tiene la obligación de evitar que Junqueras perpetre otro golpe de Estado; y tiene la obligación de evitar que Otegi reescriba la historia de la Transición al dictado de la ETA.

Uno ha de saber dónde debe situarse tan sólo con observar a quienes tiene delante. Yo me di cuenta hace mucho, cuando vi los rostros y las hechuras de los candidatos de Podemos en unas elecciones municipales, y pensé que se dirigían a un casting para “Torrente 5”, por el culo te la hinco. Luego averigüé los antecedentes laborales y penales de cada candidato, y eso fue peor que lo del casting.

Así que no me molestes más con la frase del plumero: me importa un huevo. Si para que desaparezca el sanchismo, mi página de Facebook beneficia de rebote al Partido Popular, a Ciudadanos o a Vox… bienvenido sea. Lo asumo. Como socialdemócrata de la vieja escuela, como republicano con gotas de sangre jacobina, lo admito como un mal menor: como un pequeño efecto secundario.

Porque la prioridad, en estos momentos tan críticos, es que en Cataluña no multen a nadie por rotular en español.

La prioridad es que a los etarras no les hagan homenajes en sus pueblos.

La prioridad es que ningún médico se tenga que exiliar de Baleares por no hablar el catalán.

La prioridad es que los delitos de sedición y de malversación vuelvan a estar donde estaban: en el Código Penal.

La prioridad es que a los okupas los expulsen de la vivienda okupada.

La prioridad es que se cierren definitivamente las ilegales “embajadas” catalanas.

La prioridad es que los violadores vuelvan al lugar de donde Irene los sacó: a la cárcel.

La prioridad es que el Falcon no se use para ir a los conciertos de Serrat.

La prioridad es que Podemos deje de señalar a Amancio Ortega y a todos los empresarios de éxito como si fuesen delincuentes.

La prioridad es que cualquiera pueda ser homenajeado en una Universidad sin que las huestes podemitas lo linchen a la salida.

La prioridad es que cualquiera pueda hacer campaña electoral sin que le revienten los mítines a pedrada limpia.

La prioridad es impedir “alertas antifascistas” de quienes pierden elecciones.

La prioridad es que los inventores de los escraches se vayan por fin a la mierda.

La prioridad es que dejemos de decir gilipolleces: niños, niñas, niñes; ellos, ellas, elles.

La prioridad es que todos los españoles nos enteremos, al fin, de por qué nos hemos enemistado con el pueblo saharaui.

La prioridad es que no exista jamás otro Tezanos.

La prioridad es que un nuevo Presidente del Gobierno pueda jugar a la petanca con verdaderos ancianos.

La prioridad es que nadie amenace con derogar la prisión permanente revisable para asesinos en serie, violadores incorregibles y asquerosos pederastas.

La prioridad es desenmascarar a demagogos que prometen pagas vitalicias a ocho millones de votos.

La prioridad es impedir que burócratas que no saben ni plantar una lechuga ordenen a los campesinos cómo tienen que manejar sus cultivos, sus perros de pastoreo y sus animales de labranza.

La prioridad es recuperar la concordia de la Transición Democrática, enterrar definitivamente 1936 y ponernos a trabajar pensando en el 2036.

Y la prioridad, en resumidas cuentas, es que el Gobierno de España trate con el mismo respeto a todos los españoles: hombres y mujeres, hablen como hablen, follen como follen, vivan donde vivan y voten a quien voten.

Por eso tengo plumero.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

El del plumero.

GOLPES DE ESTADO A LA CARTA

Miles de energúmenos antidemócratas se lanzaron a las calles brasileñas para torcer la voluntad de su país por vía de la fuerza. Ignorando lo que las urnas decidieron a nivel nacional, suplantando con la violencia física el voto mayoritario de sus conciudadanos, hicieron de su capa un sayo y escogieron la coacción para imponer sus deseos. Que lo sucedido en Brasil es un golpe de Estado, nadie en el mundo lo duda. Que la durísima actuación policial para frenar el golpe ha sido completamente necesaria, tampoco. Que las penas para los revoltosos serán muy severas, tampoco lo duda nadie. Y, además, el Gobierno brasileño ha tomado enérgicas medidas para que la felonía no se repita.

Miles de energúmenos antidemócratas se lanzaron a las calles de Estados Unidos para torcer la voluntad de su país por vía de la fuerza. Ignorando lo que las urnas decidieron a nivel nacional, suplantando con la violencia física el voto mayoritario de sus conciudadanos, hicieron de su capa un sayo y escogieron la coacción para imponer sus deseos. Que lo sucedido en Estados Unidos fue un golpe de Estado, nadie en el mundo lo duda. Que la durísima actuación policial para frenar el golpe fue completamente necesaria, tampoco. Y que las penas para los revoltosos serán muy severas, tampoco lo duda nadie. Y, además, el Gobierno estadounidense ha tomado enérgicas medidas para que la felonía no se repita.

Miles de energúmenos antidemócratas se lanzaron a las calles de Cataluña para torcer la voluntad del país por vía de la fuerza. Ignorando lo que las urnas decidieron a nivel nacional, suplantando con violencia física el voto mayoritario de nuestros conciudadanos, hicieron de su capa un sayo y escogieron la coacción para imponer sus deseos. Que lo sucedido en Cataluña fue una bromilla pesada, nadie en este Gobierno lo duda. Que los policías que frenaron a los revoltosos son unos piolines piojosos, tampoco lo duda el Gobierno. Que los autores intelectuales y materiales de la traición ya están en la puñetera calle (y libres de cargos), tampoco es motivo de duda. Y, además, el Gobierno español ha tomado enérgicas medidas para que la felonía se repita periódicamente: ya ha “arreglado” el Código Penal para que los “revolucionarios de los lazos amarillos” no sufran molestia alguna en el próximo golpe de Estado.

Cagoentoloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Estupefacto.

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS Y AMIGAS DE FACEBOOK

Hay en Europa un movimiento cada vez más ruidoso que promueve la desaparición de la terminología cristiana en las distintas festividades del año. Así, hace varias semanas, desde algunos medios de comunicación y desde ciertas redes sociales, pretendían que este mes no nos dijésemos “Feliz Navidad”, sino “Felices Fiestas”; o, usando terminología pagana, “Felices Saturnales”. Eso sí: para estos grupos tan supuestamente laicos y tan supuestamente “de progreso”, felicitar por sus verdaderos nombres el Ramadán mahometano, el Janmashtami hinduista y el Yom Kipur judío sigue siendo aconsejable. Pero justamente porque no me sale de los huevos entrar en jueguecitos anticristianos, es por lo que, aunque agnóstico y rojillo, tengo el placer de felicitaros la Navidad de 2022: la fiesta de mis mayores, la fiesta que viví con mis maestros, la fecha del nacimiento de Jesús, el autor de las bienaventuranzas, un hombre esencialmente justo tanto para creyentes como para no creyentes.

También he leído en las redes sociales las exigencias vocingleras de muchos progresistas de salón y de varias ONG subvencionadas para “que los templos católicos abran sus puertas estas noches gélidas de invierno y acojan en su interior a las personas sin techo” (sic). Arguyen que la Iglesia Católica cobra del Estado, y tiene esa obligación social. Yo apoyo esa buena idea sin ningún género de duda: que abran los templos las puertas. Y apoyo la idea con el mismo entusiasmo que (estoy seguro) la van a apoyar las sinagogas judías, las mezquitas mahometanas, los templos budistas y las casas de oración de los Testigos de Jehová. Todas ellas cobran también del Estado y, no cabe duda, abrirán de par en par sus puertas a los sin techo para que no sólo los templos católicos monopolicen la caridad. Como también estoy seguro de que los locales de UGT, Comisiones Obreras, CNT y CSIF, que tienen calefacción central y están vacíos por vacaciones, y cobran subvenciones del Estado, abrirán sus puertas a los indigentes para no ser menos que los católicos. Y… ¿qué decir de la Patronal (CEOE y CEPyME)? En sus locales pagados por el Estado no sólo hay calefacción central, sino conserjes con gorra de plato: los indigentes se sentirían allí como en su propio boquete de cajero automático. Ah. Y no se nos olviden las sedes centrales y provinciales del PSOE, de Podemos, del PP, de VOX, de Ciudadanos, de Compromís, de Bildu y de Esquerra. Estoy seguro de que estos partidos políticos, tan sensibilizados con la justicia social, y tan regados con dinero del contribuyente, no dejarán sola a la Iglesia Católica en el honor de dar techo a los pobres.

“Solucionado” ya el asunto de los sin techo, permitidme, amigos míos, varios consejos personales para el próximo año. Cuidad la dieta. Haced un poco de ejercicio físico. Abandonad el tabaco. Evitad la soledad. Sed optimistas. Tened a mano un buen libro, o buena música. Ah. Y mantened el buen humor: reíos de vosotros mismos; y reíos, incluso, de las cosas tristes. No hay nada más potente que la risa, ni nada que descoloque más al adversario que la ironía o el sarcasmo. Y para el próximo año, haced un firme propósito: no perdáis el tiempo con quien no os quiere, o con quien no os lo demuestra, o con quien no desea caminar a vuestro lado, o con quien responde a vuestras atenciones con total indiferencia. Alejad de vuestras vidas, definitivamente, a quienes les importáis un rábano. Sé que es muy natural desear sentirse querido por todos, pero eso es imposible: la amistad, como el amor, necesita de la continua complicidad y del continuo alimento de dos. No sólo de ti. Nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros sentimientos son lo más valioso que poseemos, y son finitos. Cuídalos. Y repártelos con quienes comparten contigo los suyos. Únicamente con ellos. El resto, no merece la pena.

Amigos y amigas de Facebook: los personajes de mis novelas y yo os deseamos Feliz Navidad. Eso, al menos, me comunica desde el más allá mi tío Edelmiro, el de la boina con antenilla, el que regalaba gallinas enjauladas al urólogo que le trataba la “prótola”.

Un abrazo de este amigo que tanto os debe.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

 

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