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Porque la vida es abrumadoramente bella en sí misma

Destacado Porque la vida es abrumadoramente bella en sí misma

Volvía ahora, cayendo la tarde, ya de noche calle arriba. Con el sabor de la conversación de repaso del mundo, en general, de proyectos, de historias electorales, del paso del tiempo, de los fracasos y los cambios, y me ha llegado la frase de “la calidad de vida se lleva por dentro”

La de gente que he conocido en mi larga vida, ricos de miles de millones, triunfadores, de grandes cargos, personajes internacionales, poderosos de diferentes ámbitos, y mis infinitos fracasos felizmente aceptados.

No recuerdo nada en lo que no haya fracasado. Antes o después. Siempre soñando el desarrollo más perfecto. Un poco más allá la mayor belleza, la mayor participación, la transparencia. El mejor valor y la generosidad. 

Hemos hablado de la China, de la guerra de Yugoslavia, del ministro de petróleo de Libia, dispuesto a vender el mejor petróleo más barato a las ciudades que lo pidieran sin intermediarios. Cosas de los comunistas.

 Estuve en China, en el 2017 y 2018. Una semana cada vez, en intercambios de tecnología europea con ellos.

Y recorríamos, por libre, las calles de cualquier barrio, por el sabor de lo auténtico, además de los grandes centros industriales, y los palacios de congresos donde trabajábamos y vivíamos.

La gente por la calle sonreía, estaba tranquila. Las tiendas no tenían turistas ni agobio ninguno. La policía ni tenía pistolas, ni porras, y jugaban a las cartas en un sitio público a la vista de todo el mundo. Haciendo tiempo por si alguien los necesitaba.

En uno de los parques, con lagos y barcas, a la puerta, un conductor de los triciclos de motor, dormitaba su siesta tranquilamente.

El templo de Confucio lo podías recorres sin que los guardas te dijeran nada, y te podías hacer fotos donde quisieras.

 Y en el templo taoísta de la ciudad, la gente quemaba incienso a sus dioses, feos como demonios, que tendrían su encanto. Y estaba lleno. Y nadie te pedía dinero. Y tenían estanques con peces y tortugas. Y nadie nos miraba mal. Incluso alguna madre nos pidió hacerse una foto con nosotros y sus niños, porque éramos los primeros europeos que veían fuera de la tele.  

 Y grandes rascacielos, muchos grandes rascacielos y centros comerciales con las mejores marcas de cualquier ciudad occidental.

Los chinos tienen sus casas en alquiler del estado, por cien años. 

Y trabajan para el estado, en lo que sea, que les da para vivir y comer, y si quieren trabajar más horas, o en más sitios nadie se lo impide ni estorba.

¡Cuantas mentiras nos cuentan de ellos!

Pero a lo que iba. La gente pobre, los fracasados, los que hemos soltado sin problema las cuerdas que nos proponían para pertenecer al club de las élites, tenemos muchas más posibilidades de ser felices, sólo porque sí. Porque la vida es abrumadoramente bella en sí misma. En cada sonrisa de verdad, en cada momento de paz.

Y esa es la verdadera y única calidad de vida. No tener miedo ni un solo momento a la semana. Canturrear o silbar sólo porque sí. Porque te sale de dentro hacerlo. Sonreír cientos de veces al día.

Porque eres querido y tienes a quien querer.

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