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Sueños

  • Escrito por Angel Luis Cancela Zapatero
  • Categoría: Colaboradores
  • Visto: 116

sueños

Iba andando por el lecho de un río seco.

Cuesta abajo, en una penumbra triste. Una especie de luz de luna sin luna.

Grandes piedras rodadas, más altas que yo, hacían pensar en un inmenso torrente de lluvias lejanas.

  Íbamos varios. Hablando de cualquier cosa, como sombras tristes. Uno de los que íbamos, un poco detrás de mí, a la derecha, era mi padre como de cincuenta años.

  Luego, o antes.

Estaba en una fiesta, en una casa llena de gente, bien vestida, elegante, barullo, bien de luz, entretenidos en conversar y beber.

En eso, sin esperarlo, en un cambio absurdo, un toro negro entra en la habitación donde estoy, y me embiste, entonces salto y me sujeto entre dos paredes pegado al techo, donde no puede alcanzarme.

Me despierto. Son las dos de la madrugada. Me levanto.

¿Qué o quien me cuenta estas historias, y me las hace vivir, con qué sentido?

Tengo el sabor del absurdo y de una tristeza amarga y oscura.

Como una niebla de la que es imposible salir y que abraza mi vida.

Como una enfermedad que te posee sin tu permiso, y trastoca tu alma. Que te invita a ser así. Prisionero del absurdo y la tristeza.

¡No quiero!

Quiero mi alegría, y sentirme amado, y amar y generar alegría.   

Y quiero el sabor de Dios, como generador de amor, dándole sentido a todo.

¡Soy hijo del amor!

No sólo de mis padres sino de Dios mismo.

  Como todos.

Y recupero mi ser, ilusionado por vivir amando.

Vuelvo a la cama.

Pero allí, en la oscuridad sigue el recuerdo y la tristeza que los envuelve.

Me meto en el recuerdo.

En el lecho seco del inmenso torrente, y les digo a todos:

¡Somos Hijos del Amor!

¡Este no es nuestro lugar!

Y, se van disolviendo, camino de otra forma de ser más antigua, y feliz, cada uno de los que estaban, y luego la oscuridad hasta quedarme solo en mi consciente.

Entonces vuelvo a la fiesta en la que apareció el toro negro, y recorro el lugar y las secuencias temporales gritando lo mismo:

¡Somos Hijos del Amor!,

y todos y todo se va disolviendo, y mi propio cuerpo tiene una serie de escalofríos que le liberan de esa tristeza invasora…

  Y vuelvo a dormir plácidamente  

Ángel Luis Cancela Zapatero 

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